Por Axel V.
En varias ocasiones escuché hablar sobre título de este artículo, pero no como pregunta sino como una gran afirmación.
Si realmente nuestros pecados son perdonados, entonces ¿somos salvos?, ¿Es tan así?.
Tras cada hecho que Nuestro Amado Padre Celestial nos mande a realizar, o en otras palabras, tras cada mandamiento, existe una bendición por cumplir y una consecuencia negativa por ignorarle.
“He aquí os envíe para testificar y amonestar al pueblo, y conviene que todo hombre que a sido amonestado, amoneste a su prójimo.
Por tanto, quedan sin excusas, y sus pecados descansan sobre su propia cabeza”.
(Doctrina & Convenios 88:81, 82)
Se nos manda a testificas cuando tenemos conocimiento de la verdad, pues si no lo hacemos, esos pecados, los referidos al no proclamar el evangelio descansarán sobre nuestras cabezas y eso claramente no es una bendición.
Para poder lograr una bendición debemos compartir nuestro testimonio. Cuando nosotros testificamos ocurre algo muy peculiar, Doctrina y Convenio 62:3 dice:
“Sin embargo, benditos sois, porque el testimonio que habéis dado se ha escrito en los cielos para que lo vean los ángeles; y ellos se regocijan a causa de vosotros, y vuestros pecados os son perdonados”.
¿Por qué sucede esto?
El hermano Bruce R. McConkie dijo:
“Al rescatar al hermano que esta en error, lo salvamos y nos salvamos a nosotros mismos. Nuestros pecados quedan “cubiertos” (perdonados), porque ejercemos el ministerio para lograr la salvación y bendición de otro miembro del reino. En principio, esta recompensa especial para los ministros de Cristo se aplica también a aquellos que predican el evangelio y traen almas al reino. El ministro recibe la recompensa de la salvación y en consecuencia, es liberado de sus propios pecados”
(Doctrinal new testament commentary, 3:279).
Para tener una idea general sobre este principio sólo falta contestar la gran pregunta;
¿Son perdonados todos nuestros pecados o sólo parte de ellos?.
Santiago nos dijo:
“Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados”. (Santiago 5:20)
Santiago nos da la respuesta. Recibimos el perdón de pecados no de todos nuestros pecados.
Algo que siento importante mencionar, es que tanto el presidente Bruce R. McConkie como Santiago nos dicen que existe una condición, esta es, salvar del pecado a alguien.
No es tan simple como testificar nada mas, sino que además debemos procurar meter la hoz con toda nuestra fuerza y así atesoremos para nosotros mismos , de modo que no pereceremos sino que traeremos salvación a nuestra alma. (D & C 4: 4).
Al estudiar esto, así como otros temas, y al sumar escrituras y ver que personas de tiempos distintos las escribieron, me hace sentir y ver la verdad de este evangelio. Este evangelio es perfecto, el Padre nos ama y esta deseoso de que seamos un instrumento en sus manos para bendecir otras vidas y así el bendecirnos con el perdón.
ACTUALIZADO
Agrego lo dicho por el presidente Kimball al respecto:
Compartir el testimonio nos libera de nuestros pecados
Extracto del libro “El Milagro del Perdón” por el presidente Spencer W. Kimball
Capítulo 15, páginas 204 – 206
“Cumplir los mandamientos” incluye las muchas actividades que se requieren a los fieles. Obras buenas en general y la devoción, acompañada de una actitud constructiva es lo que hace falta. Por otra parte, una manera sana de neutralizar los efectos del pecado en la vida de uno es llevar la luz del evangelio a otros que hoy no la disfrutan. Esto puede significar hacer la obra tanto con los miembros inactivos de la Iglesia como con los que no son miembros, tal vez con éstos en la mayoría de los casos. Notemos cómo el Señor ha relacionado el perdón de los pecados con el testimonio que uno da tocante a la obra de los últimos días:
“ Porque yo os perdonaré vuestros pecados con este mandamiento: Que os conservéis firmes en vuestras mentes en solemnidad y en el espíritu de oración, en dar testimonio a todo el mundo de las cosas que os son comunicadas” DyC 84:61
Tal parece que el Señor se desilusiona con muchos que no dan sus testimonios, en vista de que dice: “mas con algunos no estoy muy complacido, porque no quieren abrir su boca, sino que esconden el talento que les he dado, a causa del temor de los hombres. ¡Ay de éstos!, porque mi enojo está encendido en contra se ellos” DyC 60:2
Esta negligencia en dar testimonio sería particularmente grave para aquellos que tienen que vencer y neutralizar pecados mortales. Cabe notar en particular las palabras dadas en 1831, por conducto del profeta José Smith, a él y a los hermanos que lo acompañaban en su viaje a Sión. Dirigiéndose a ellos, el Señor dijo:
“Sin embargo, benditos sois, porque el testimonio que habéis dado se ha escrito en el cielo para que lo vean los ángeles; y ellos se regocijan a causa de vosotros, y vuestros pecados os son perdonados” DyC 62:3
Aquí el Señor promete el perdón de pecados a aquellos élderes que habían sido valientes en la obra de buscar prosélitos y en dar testimonio. Los ángeles, así como el Padre que está en los cielos, ciertamente se regocijarían a causa de aquellos miembros que con gran sinceridad vencieran sus pecados y recibieran la remisión de los mismos, debido en parte a sus esfuerzos por elevar la norma espiritual de sus semejantes, dándoles el testimonio del evangelio restaurado.
Otra declaración del Señor – ésta por conducto del apóstol Santiago – recalca el valor del testimonio en cuanto al vencimiento de los pecados. El testimonio proviene del estudio, la oración y el cumplimiento de los mandamientos, y la repetición del testimonio lo edifica y le da estabilidad. El citado apóstol dice que por medio de esta obra misional de salvar las almas de otros, uno llega al punto de traer salvación y la santificación a sí mismo. “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” Santiago 5:19-20
Toda persona que está iniciando el largo viaje para emanciparse de la esclavitud del pecado y la maldad hallará consuelo en el concepto expresado por Santiago. Podríamos ampliarlo un poco y recordarle al transgresor que cada testimonio que dé, cada oración que ofrezca, cada sermón que predique, cada pasaje de las escrituras que lea, toda ayuda que proporcione para estimular y elevar a otros – todas estas cosas lo fortalecen a él y lo elevan a un nivel más alto.
Al convertirnos en instrumentos en las manos de Dios para cambiar la vida de otros, nuestra propia vida no puede menos que ser elevada. Difícilmente se puede ayudar a otro a llegar a la cumbre del monte sin escalarlo uno mismo.
Se presentan oportunidades casi ilimitadas de elevar a otros en actividades como la obra de los quórumes, las organizaciones auxiliares y comités de la Iglesia, y por este medio bendecirse uno mismo. Mensualmente se efectúan reuniones de testimonio en las que cada uno tiene la oportunidad de testificar. Pasar por alto tales oportunidades equivale a dejar de acumular, hasta ese grado, créditos para balancear los errores y transgresiones que se han amontonado.
(Fin de la cita)
Claramente (como lo recalco con cursivas y en letras grises) el presidente Spencer W. Kimball, creía que el testificar y traer almas a Cristo, borra de sobre nosotros pecados. El indico “pasar por alto tales oportunidades [de testificar] equivale a dejar de acumular, hasta ese grado, créditos para balancear los errores y transgresiones que se han amontonado”.
No entendemos bien el como, pero el testificar y traer almas a Cristo si provoca una purificación, una santificación en nosotros y balancea los errores que emos cometido.
Ok, esta carta la conoce cada uno de aquellos jovenes y jovencitas que parten a la gran aventura misional: un dia, uno de los maestros del CCM se acercara a los elderes (o hermanas por separado), les lleva a una sala y les lee un famoso discurso pronunciado por Spencer W. Kimball. Para que les voy a contar de que se trata, cada uno de los misioneros lo tuvo claro desde el principio: No puedes enamorarte, no puedes “conocer” personas del sexo opuesto, no puedes siquiera pensar en casarte con alguen que conociste en la mision.
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