(Sterling W. Sill, “Manual de Liderismo”, pág. 18)
Williams James, destacado psicólogo de la Universidad de Harvard dijo una vez que “la esencia de ser genio consiste en saber que hemos de pasar por alto” Esto es también la esencia de la habilidad para dirigir, así como la esencia de una vida feliz.
Aún el hombre más precavido del mundo no puede evitar siempre la probabilidad de ofender o ser ofendido durante el curso de su vida.
Uno de los mayores problemas de mayor gravedad que afectan la habilidad para dirigir es nuestra tendencia común de recoger y retener más de lo que conviene, las irritaciones ofensas y rencores de la vida. Este rasgo impone inmediatamente una seria desventaja al que lo posee pues “no puede haber arte verdaderamente grande sin la serenidad”. Pablo, el Apóstol, describe esta personalidad como uno que no se irrita (1 Corintios 13).
¿Cuántas cualidades podrían impulsarnos más hacia el éxito, que poder siempre conservar un dominio personal bien equilibrado, aún en medio de las dificultades más serias? Existe una palabra no muy usada que expresa esta habilidad mejor que cualquier otra que yo conozco: Imperturbabilidad
Según el diccionario, imperturbable se dice de la persona “que no se perturba, que en toda ocasión muestra entereza” Significa conservar la calma y el dominio sobre sí, especialmente en una emergencia o bajo la tensión de algún disturbio o choque emocional serio.
Con la mayor facilidad se le escaparía a uno el éxito de las manos si permite que las pequeñas molestias e irritaciones lo perturben y lo provoquen a que se agite, se incomode, contradiga a todos, sea descortés y vengativo. Hay algunos que son quisquillosos en extremo. Continuamente se están ofendiendo y no tardar en desarrollar una personalidad nerviosa, excéntrica y malhumorada, con su reacción consiguiente que varía entre la irritabilidad molesta y la cólera vehemente.
En ocasiones oímos expresar la opinión de que puede ser bueno “desahogar los ánimos” de cuando en cuando; pero si con demasiada frecuencia damos rienda suelta a estos sentimientos no tardamos en echar por la ventana la estabilidad del sistema nervioso y el éxito de la organización que tenemos a nuestro cargo. Todavía está en vigor la antigua ley que dice “aquel a quienes los dioses quieren destruir, primeramente lo irritan”.
Ciertamente uno de los defectos más nocivos de la personalidad es convertirse en persona quisquillosa y escrupulosa, que por la menor cosa se ofende.
La gente tiene que aprender a vivir junta y felizmente, aún cuando existan diferencias de opinión y gusto, y aún oposición…Es necesario tener cierta robustez de espíritu que nos permita hacer frente a las irritaciones con rectitud e imperturbabilidad, ser fuertes de espíritu por dentro, y delicados al mismo tiempo… pensemos en las mucha situaciones desagradables que se desarrollan porque algunas personas no pudieron soportar una cantidad normal y necesaria de oposición o de crítica…
Una ofensa muy pequeña puede arrojar una sombra gigantesca sobre nuestra imaginación. Es la cosa más fácil tergiversar nuestro punto de vista imaginándonos cosas que no existen…
El grupo o individuo que espera lograr el éxito debe ser de corazón fuerte…
Cierta persona se quejaba de haber sido insultado por la palabra de una persona desconsiderada. Un amigo le contestó ”¿Y quién ha oído que un águila se sienta ofendida por causa de un gorrión?”… Como la madreperla herida que repara su caparazón con una perla, los primeros cristianos aprendieron a sacar mayor beneficio de sus irritaciones.
No procuremos lograr nuestra meta negándonos a oír la crítica. Ni tampoco debemos permitir que esta nos aparte o nos robe el ánimo. Si la crítica esta bien fundada, debemos beneficiarnos por la corrección. Si no tiene fundamento, ¿para qué permitir que destruya la posesión más importante que tenemos (nuestro ánimo) y aparte de eso. que nos provoque a incomodarnos y a fracasar?…
Se puede determinar el carácter del hombre por el tamaño de la cosa que le hace perder la paciencia.
La imperturbabilidad nos ayuda a fijar nuestra atención no en el problema sino en la manera de resolverlo…
Aumentará nuestra facultad de producir, aumentará nuestras bendiciones y la tranquilidad de nuestra mente. La imperturbabilidad es parte de la santidad
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