Ayer, mirando las noticias (y de casualidad en ChileVision, porque siempre veo TVN) me encontré con una noticia que me impacto.
Al ver el rostro del primer joven que aparece en el video, grite: “el Oscar!”. A esos dos jóvenes los conocí cuando estaba en la misión, en un pueblo llamado Quirihue, al interior de Talca, Chile.
Oscar, fue un converso de un misionero que estuvo un cambio antes que yo, el era muy bueno, como antiguamente les decían “un investigador de oro”.
El es el único miembro de su familia. Su madre nunca se quiso bautizar porque tenía una botillería y pensaba que no debía hacer convenios con el Padre hasta cerrarla. Su hermano, con quien realizo el robo, estaba en el servicio militar y de vez en cuando le veíamos.
Luego de un tiempo, Oscar empezó a inasistir, se sentía un poco confundido. Él quería estudiar teología en una universidad Adventista.
Aun recuerdo las lecciones con él, en la parte trasera de la botillería (vivían allí mismo). Allí había una pequeña mesa blanca, una ventana con rejas por donde entraba la luz. Las sillas donde nos sentábamos eran plasticas de coca-cola. Era una casita muy sencilla y linda.
El era uno de los jóvenes más fuertes que teníamos, estudiaba constantemente sus escrituras.
Hoy reflexiono en como puede cambiar nuestras vidas, tan rápido, de un día para otro tan solo por una decisión, y mas simple aun, por un simple “si” o un simple “no”.
Me pongo a pensar en ese pequeño pueblo, en donde hoy los misioneros, quienes trabajábamos también como presidentes de rama, ya no están, ese pequeño pueblo apagado y frío. Me pregunto, ¿Qué estará pasando con el resto de mis jóvenes? Y ¿Cómo estarán sus padres?.
Espero que esta pequeñísima historia y este video nos sirvan para reflexionar en cuanto a nuestras decisiones, en cuan importantes son en el día de mañana.
¿En que momento habrá dejado de estudiar las escrituras? ¿Hace cuanto habrá dejado de orar?.
Ahora toca asumir mi responsabilidad. ¿Qué he hecho yo por el luego que volví de la misión?. Siento que es la otra parte de la responsabilidad. Creo que pude y puedo hacer mucho mas por el de lo que hice. Simplemente debo arrepentirme y seguir adelante con fe, andando con el espíritu y regresando cada noche con honor a casa.
Debemos hacer algo siempre por nuestro prójimo.
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