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“…Ciertamente, la oración de fe siempre es contestada. Es eficaz, y es contestada aún cuando no entendamos cómo. Esto es particularmente cierto cuando estamos orando por otras personas, especialmente cuando oramos por nuestra propia familia e hijos.
Pero, ¿verdaderamente nos imaginamos a un padre de verdad cuando oramos? ¿Pensamos en Él? ¿Realmente pensamos en Él como nuestro padre? ¿Dedicamos tiempo a estar de rodillas intentando esbozar al ser al que oramos? Quisiera sugerir un procedimiento que a mí me da resultado. No es mi intención que éste se convierta en un ritual para todos, sino en una motivación.
Busquen un lugar privado y arrodíllense cómodamente y con calma en el centro del cuarto. No digan nada por unos momentos, tan sólo piensen en Él. Arrodíllense y sientan la cercanía de Su presencia, Su calor y Su paz. Expresen con humildad su gratitud por cada bendición, por cada cosa buena de la que disfrutan. Compartan con Él sus problemas y sus temores, háblenle sobre cada uno de ellos y deténganse el tiempo suficiente para recibir Su consejo. Les prometo que descubrirán que Sus hombros son lo bastante anchos para las cargas de ustedes..”
Hermana Patricia Holland. Capítulo 5 del libro “Como en El Cielo, Así También en La Tierra”, de Jeffrey R. Holland y Patricia T. Holland.
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