Oye, aprovechando que tocaste el tema de J.R. Clark, te envío un discursaso del Pdte. Clark, sobre la enseñanza del evangelio, todo un temón. Este discurso ha sido citado por Monson y por Packer, al menos que yo sepa, de hecho se dice que Elder Packer de manera informal por supuesto dijo que “debía ser escritura” (entiéndase claro que quizá lo dijo en un momento de exceso de entusiasmo). En lo personal desde que lo leí es imposible no tenerlo en mente al preparar y dar cualquier clase en la Iglesia, realmente me cambió el enfoque. Además de su contenido superior, te fijarás en su técnica literaria, propia del académico que fue Clark, su forma de plantear el texto se me hizo muy familiar con los textos que tenía que leer en la U. Te invito a leerlo cuando puedas, y si te apetece publicarlo, aunque es medio largo.
EL CURSO TRAZADO POR LA IGLESIA EN LA EDUCACIÓN
Introducción por JJ Christensen. SEI
Queridos Colegas:
Pocas cosas son dignas de una segunda lectura y raramente conservan esa calidad duradera como para que sean leídas muchas veces y vivan para inspirar a una segunda y tercera generación. El discurso del presidente J. Reuben Clark, “El Curso trazado de por la Iglesia en la educación, corresponde a este último grupo y ha sido nuevamente publicado para que sus principios fundamentales puedan continuar inspirando y motivando al personal del Sistema educacional de la Iglesia.
El resumen hecho por el presidente Clark con respecto a las responsabilidades que los maestros tienen para con la Iglesia y su misión para con las necesidades espirituales de los alumnos, es relevante completo y constituye una fuente de inspiración.
Que esta reimpresión sirva para recordarnos que aunque tal vez se requiera una moral extraordinaria y valor espiritual para aplicarlos, las estacas que entrenó el presidente Clark permanecen sólidas y firmes. Tal vez sea tiempo de que todos los que enseñan reexaminen sus rumbos y vean en donde se encuentran y si los principios axiomáticos y los objetivos bosquejados en El curso trazado estén siendo plenamente aplicados (o utilizados).
Sinceramente, vuestro hermano.
Joe J. Christensen
Comisionado Adjunto de Educación.
En los cursos de verano de la Universidad Brigham Young, en Aspen Grove, el 8 de agosto de 1938, el presidente J. Reuben Clark dirigió este mensaje, con la aprobación de la Primera Presidencia, a los líderes de Seminarios e Institutos de la Iglesia y a otros que se reunieron allí. Su significado atañe a toda la Iglesia y, bien puede servir como una guía autorizada en toda nuestra forma de enseñar Y en todas nuestras reuniones auxiliares o de cualquier otro tipo, en las que haya cualquier posibilidad de que las facilidades y el tiempo de la Iglesia sean usados para exponer a los miembros de la misma a influencias adversas.
Discurso pronunciado por el presidente J. Ruben Clark, el 8 de agosto de 1938 a los directores de Seminarios e Institutos en los cursos de verano en Aspen Grove, Utah.
“Cuando yo era un niño me sentí sumamente entusiasmado con el gran debate entre aquellos dos gigantes, Webster1 y, Hayne2 (éste debate tuvo lugar en el Senado de los Estados Unidos [1830] y era sobre los derechos de los estados y el poder federal). La belleza de la oratoria, la sublimidad de la elevada expresión de patriotismo de Webster, el anuncio de la lucha civil que vendría por el dominio de la libertad sobre la esclavitud, todo ello me conmovía profundamente. El debate comenzó debido a una resolución respecto a Los terrenos públicos. Y llevó a la consideración de grandes problemas fundamentales de la ley constitucional. Nunca he olvidado el párrafo inicial de la respuesta de Webster, mediante el cual puso en su lugar este debate que se había ya apartado tanto de su curso. El párrafo dice:
“Sr. Presidente: Cuando el marinero ha sido zarandeado por muchos días por el mal tiempo y en un mar desconocido, naturalmente aprovecha la primera pausa en la tormenta, de la primera aparición del sol, para tomar su latitud y asegurarse a qué distancia de su verdadero curso lo han apartado los elementos. Imitemos esta prudencia y antes de ir a la deriva y a mayor distancia sobre las olas de este debate, volvamos al punto del cual nos apartamos para, por lo menos, poder hacer conjeturas respecto a dónde nos encontramos ahora. Pido la lectura del acuerdo.”
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1 Daniel Webster – Hombre de estado orador americano (1782-1852)
2 Young Hayne – Hombre de estado americano (1791-18 39)
Ahora me apresuro a expresar la esperanza de que no penséis que yo creo que esta es una ocasión para debate, o que soy, un Daniel Webster. Si fueseis a pensar esto cometeríais un grave error. Admito que soy viejo, pero no lo soy tanto. Pero Webster pareció invocar un procedimiento tan sensato para ocasiones en las que, después de errar por alta mar o en el desierto, hay que hacer el esfuerzo de volver al lugar de partida, que yo pensé que vosotros me perdonaríais si mencionaba y de alguna manera usaba este mismo procedimiento para volver a declarar algunos de los principios esenciales y mas sobresalientes que sirven de base a la educación en el sistema de la Iglesia.
Para mí los siguientes son algunos de los principios fundamentales:
La Iglesia es el sacerdocio de Dios, organizado; el sacerdocio puede existir sin la Iglesia pero la Iglesia no puede existir sin el sacerdocio. La misión de la Iglesia es primeramente, enseñar, animar, ayudar, y proteger a los miembros en sus esfuerzos por vivir la vida perfecta, tanto temporal como espiritualmente, tal como está establecido en el Evangelio: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”, dijo el Maestro; en segundo lugar, la Iglesia debe mantener, enseñar, animar y, proteger, temporal y espiritualmente, a los miembros en su esfuerzo por vivir el Evangelio; en tercer lugar, la Iglesia debe proclamar la verdad, llamando a los hombres al arrepentimiento y a vivir en obediencia al evangelio, porque “toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará” (D. Y C. 88:104).
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