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Recetas de Vida

http://www.editorialjuventud.es/img/84-261-3080-1.jpgHace un tiempo publicamos un articulo que hablaba acerca de la preocupacion en la solidez y estabilidad socioeconomica  de los jovenes santos de los ultimos dias. Hice un pequeño analisis personal (que representa solo mi opinion, aunque compartida por mis amigos) y nos comprometidos a comenzar a entregar pequeñas “recetas de vida” de jovenes santos de los ultimos dias que por lo menos en el sentido economico, han logrado obtener una estabilidad y un buen pasar.

Nuevamente, no es nuestra intencion decir que esta es la finalidad de la iglesia o del evangelio, ni mucho menos, al contrario, muchas veces esta estabilidad economica juega en contra de la estabilidad espiritual. No es nuestra intencion esa, sin embargo, hemos de reconocer que a pesar de que no es suficiente ni el objetivo de nuestra existencia, el tener esta area bajo control ayuda muchisimo en la edificacion de otras areas mas importantes, por ello, nuestra preocupacion, que vemos refrendada en la misma preocupacion que emana desde la iglesia comenzando por su cabeza el presidente Hinckley.

Con ustedes, la primera de las Receta de Vida, por Paz.

Recetas de Vida

Cuando conversé con Admin acerca de escribir esta historia, decidí de inmediato el título que debía llevar. Ahora que lo releo, me siento como “Cocinando con Mónica” (Salvo, claro, por el hecho de que yo no soy Mónica) y hasta me dan ganas de decir de vez en cuando: “y ahora agregue sal a gusto”.

Me recuerdo en el Colegio, 7mo, 8vo básico (educacion primaria). Entre otra de las bendiciones que he recibido en esta vida, tengo la fortuna de ser hija de padres profesionales, ambos dedicados a la docencia, que desde siempre refirieron la educación universitaria como una meta a la que yo también debía aspirar. Guiada por estas conversaciones de antaño, desde pequeña tenía conciencia de que las notas en la enseñanza media contaban para el puntaje de postulación a la Universidad, así que estaba decidida a sacarme buenas notas.

La verdad es que mis padres no tenían dinero como para mandarme a un Colegio Privado –que, se supone, garantizaba mejor nivel educacional debido a la mayor cantidad de recursos disponibles para sus alumnos. Así que estudié en un subvencionado, NN, en San Bernardo (una comuna periferica de la capital de Chile), cuyo nombre no resuena más allá de la cuadra en la que está ubicado el establecimiento mismo. Estando allí, me enteré de que había una Beca de “Excelencia Académica”, que consistía en liberar del pago (unos $25.000 mensuales de hoy día, aprox 50 dolares) a los alumnos que tuviesen cada uno de los promedios sobre 6.0. No tuvieron que acabar de explicarme de qué se trataba esa beca, cuando ya estaba decidida a ganarla. Podrá sonar pretencioso, pero en realidad no lo es… simplemente creí que, además de beneficiarme en términos académicos, esa era una forma de contribuir a mi propia educación sin ser más carga a mis padres… además, seamos sinceros, asistí a un colegio normal, para personas normales, como yo y como el 90% de la población. Siendo un publico eminentemente normal, que actúa, piensa y estudia de manera normal, pensé que si hacía un esfuerzo académico y de estudio un poco más de lo Standard y normal, podía lograrlo, y así fue. Mis padres no tuvieron que volver a pagar el colegio mientras estudié allí. Además de eso, tener buenas notas fue un trampolín para tener una buena relación con compañeros, con quienes estudiábamos, y profesores, quienes se convirtieron siempre en referentes para mí.

Cuando llegué a 4to, no había plata para estudiar en un preuniversitario y, por lo tanto, tampoco había plata para pagar la Universidad. Averiguando, leyendo, con el apoyo y ayuda de mis profesores, me enteré por ahí que si sacaba un alto puntaje, podía entrar becada a la universidad. Y entonces, otra vez, vino a mi mente el pensamiento de la normalidad. Me puse a estudiar, un poco más de lo normal, me quedaba en el colegio haciendo ensayos, llegaba a mi casa a repasar materia, leía libros de historia, hacía ejercicios, volvía a repasar. Competía contra mis propios puntajes, haciendo un esfuerzo un poco más allá del Standard… y me fue bien. Fui el mejor puntaje de ingreso en la Facultad a la que postulé, en mi carrera seleccionada como primera preferencia, y estudié gratis, todo ese año. Después de eso, gracias a las buenas notas que tenía, gané otras becas por aquí y por allá, un poco del Fondo Perpetuo, etc. con lo que financié la carrera completa. Entre medio, gracias a la buena relación con profesores y compañeros, gané otras becas de estudio, investigación, trabajo, etc. y conocí España, Alemania, Portugal, Estados Unidos y Panamá.

Egresé con honores y llena de gratitud. Antes de titularme fui contactada por una empresa multinacional en la que trabajo ahora. No alcancé a salir cuando ya tenía trabajo, ahora, casi 1 años y medio después, estoy contenta de decir que creo en la bendiciones, en el esfuerzo, en la milagro de la familia, en el Evangelio Restaurado del Señor y, por supuesto, en la becas. De hecho, después de un año de trabajo, la empresa me becó y ahora estoy haciendo un diplomado en una prestigiosa universidad del país.

Si tuviese que describir mi vida, diría que ha sido un milagro, día tras día. Y si tuviese que contar mi secreto, diría: tome sus sueños más profundos y nobles, las cosas que realmente desea de la vida, sea generoso y considere al prójimo en sus planes de bienestar, trace un plan de cómo lograr esos sueños, concéntrese, proyéctese en el largo plazo a través de logro de pequeñas metas del día a día, sea flexible en los detalles, pero manténgase firme en conservar la esencia del plan. Agregue mucho buen humor, proactividad, buenas relaciones con los demás, amigos verdaderos, esfuerzo sincero por cumplir con el Señor y vivir el Evangelio de Jesús, el Cristo. Revuelva continuamente, ponga dos cucharadas de resiliencia, dos manos llenas de gratitud, mucho trabajo duro, oración constante y humildad. Mientras hierve, ponga muchos platos en la mesa, y prepárese para servir generosamente. Déjelo hervir a fuego lento 5 minutos, respire su delicioso aroma, sonría y, ahora sí, por fin, agregue sal a gusto.

No importa donde seais enviados.

Hermanos del Sacerdocio, no importa si sois diáconos recién ordenados o sumos sacerdotes con años de experiencia; vuestro deber es prepararos para una misión. Si nunca habéis servido en una, el Señor quiere que os preparéis; si ya habéis cumplido una misión, el Señor quiere que os preparéis para otra. Hay cuatro billones de personas que necesitan lo que nosotros tenemos, ¡y lo necesitan urgentemente!

Dejadme compartir con vosotros algo de la vida del élder Anguiano, un joven estadounidense de origen mexicano, que se había preparado para una misión de habla hispana, pero que fue llamado a Nueva Zelanda. ¡Imaginad un joven preparado en español, yendo a un país donde el español raramente se oye! Mientras esperaba la llegada de su único misionero en el aeropuerto, el presidente de la misión buscaba la inspiración divina para saber cómo utilizar a aquel élder preparado en español, en un país donde se habla solamente inglés. Al bajar los pasajeros, el presidente divisó a su nuevo élder. Puede ser que su camisa fuera más blanca que las de los demás pasajeros, pero era su actitud lo que lo apartaba de los demás; él tenía un aspecto especial, era uno de los enviados por el Señor. Al encaminarse al edificio, apresuró el paso; era evidente que estaba ansioso por empezar su misión. Al acercarse al presidente lo hizo con los brazos extendidos para darle un abrazo al estilo mexicano. Eso era lo que él acostumbraba y eso iba a hacer . . . . aun en Nueva Zelanda. Entonces dijo sus primeras palabras: “Presidente. estoy aquí para bautizar a la gente”.

Generalmente, los presidentes de misión no relevan a sus asistentes para asignarles la tarea de capacitar a nuevos misioneros, pero cuando por tercera vez el Espíritu inspiró al presidente, éste se convenció y asignó a su asistente, un joven extraordinario de ascendencia china y maorí, para enseñar al nuevo élder. Los dos formaron una especie de “Naciones Unidas”.

Tres semanas más tarde los jóvenes informaron al presidente que habían encontrado una familia en una isla que quizás fuera la única en Nueva Zelanda que hablaba solamente español. Esta familia chilena recién llegada, necesitaba la Iglesia; ellos necesitaban también al élder Anguiano, y el Señor llenó esa necesidad con el llamamiento apropiado por medio de un Profeta viviente. Y eso no es todo; ahora hemos recibido noticias de que más de cien familias de Chile están en trámites para emigrar a Nueva Zelanda, y el élder Anguiano y su familia chilena, recientemente bautizada, están esperando la llegada de estas otras para comenzar a amistarlas y enseñarles el evangelio.

El Señor dirige la obra. Nosotros somos parte de un proceso divino cuyo objeto es la salvación de los hijos de nuestro Padre, dondequiera que estén. Debemos prepararnos ahora, para que el Profeta no se vea restringido por nuestras limitaciones.

“No se haga mi voluntad . . .” – Extracto.

Elder Robert L. Simpson