La maldición de sacudirse el polvo de los pies.

La maldición de sacudirse el polvo de los pies.

Hace uno días discutíamos respecto al tema de la maldición de sacudirse el polvo en los pies cuando era realizado por misioneros al ser mal recibidos. Y aunque la mayoría de los miembros de la Iglesia ha escuchado hablar alguna vez de este tema, es poco más lo que se sabe ya que es una doctrina envuelta de mucho de legendary y folclórico, especialmente de historias de “poder” misional.

El cuento es que mientras conversábamos, algunos amigos se asustaron ya que es una “ordenanza” con mucho poder maldecidor, prácticamente un avada kedavra mormon en toda regla, sin embargo uno de los participantes compartió algunas citas que me hicieron dudar de la interpretación tradicional de esta ordenanza o maldición, esa de que es una súper maldición capaz de quemar casas, pegar enfermedades o producir terremotos sobre los inicuos, si no quizás, se trataba de algo mucho más sencillo y para variar, nos habían encajado una dostrina nuevamente…. Y los resultados de la investigación son los siguientes:

El origen del sacudirse el polvo de los pies.

El ritual de sacudirse el polvo de los pies como una señal donde los misioneros no han sido bien recibidos, viene de la biblia y es una enseñanza dada por el mismo Jesús.

Mateo, Marcos y Lucas registran esta instrucción de maneras similares. Mateo 10:14-15 dice que “si alguno no os recibiere ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad y sacudid el polvo de vuestros pies, De cierto os digo que en el día de juicio, el castigo será más tolerable para la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad”.

La implicancia es clara como castigo, pero Marcos agrega que esto será señal de “testimonio contra ellos” y Lucas agrega que es “contra vosotros”.
Al explicar este acto, las interpretaciones señalan que se trataba de “dejar testimonio del rechazo que han recibido los predicadores y el evangelio mismo”, tal como lo señala Marcos. Dentro de las costumbres del antiguo Israel, se trataba de brindar hospitalidad al viajero el cual había viajado de una ciudad a otra y había ensuciado sus pies con el polvo. Símbolo de esta hospitalidad al viajero se encuentra en las ocasiones cuando por ejemplo, el Salvador era recibido con agua para lavarse los pies, y por tanto un símbolo adecuado del rechazo es cuando los misioneros se tenían que ir, y debían sacudirse ellos mismos el polvo de los pies ya que nadie les había recibido ni ayudado.

Este punto es muy importante ya que verán en el desarrollo de este artículo, que mi tesis es que el sacudirse el polvo de los pies, no es una maldición-maldición, sino que es un “levantar testimonio” contra aquellas ciudades o personas que habían decidido no escuchar el evangelio y ni siquiera mostrar hospitalidad con sus mensajeros.

Este concepto de levantar testimonio del trabajo misional rechazado no es único, son varias las escrituras que integran el mismo concepto con acciones similares. En Hechos 18:6 Pablo, al ser rechazado en su prédica por los judíos, pone testimonio contra ellos “sacudiéndose sus vestidos [y diciendo] Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo estoy limpio; desde ahora me iré a los gentiles”, acción que posiblemente se remonta a la maldición de sacudir la ropa mencionada en Nehemías 5:13 “Además sacudí mi vestido y dije: Así sacuda Dios de su casa y de su trabajo a todo hombre que no cumpla … y así sea sacudido y quede vacío.”

Estas maldiciones o actos de dar testimonio no están circunscritas solo al viejo mundo. Son varias las ocasiones en que aparecen acciones similares en el Libro de Mormon, una de las más claras se encuentra en 2Nefi 9:44 donde dice:

¡Oh, mis queridos hermanos, recordad mis palabras! He aquí, me quito mis vestidos y los sacudo ante vosotros; ruego al Dios de mi salvación que me mire con su ojo que todo lo escudriña; por tanto, sabréis, en el postrer día, cuando todos los hombres sean juzgados según sus obras, que el Dios de Israel vio que sacudí vuestras iniquidades de mi alma, y que me presento con tersura ante él, y estoy limpio de vuestra sangre

Y así, nos saltamos unos 1800 años, y llegamos a la restauración.

En 1830, cuatro meses después de la restauración de la iglesia, esta pasaba por varias dificultades debido a la persecución temprana. En esta revelación de consuelo el Señor promete maldecir a aquel que no reciba a Jose (v4) la cual se explica con más detalle a Oliver al explicar que en donde “no os reciban en mi nombre, dejareis una maldición en vez de bendición, sacudiendo el polvo de vuestros pies en contra de ellos como testimonio, y limpiándoos los pies junto al camino”

Fijarse bien en que la maldición, es un testimonio contra ellos. Sin embargo ese mismo mes, ocurre el primer “milagro” de maldición….

Según Lucy Mark, en su libro “Historia de Jose Smith por su Madre, transcurría:

“El 30 de Junio (1830), Samuel inició su misión a la cual había sido apartado por Joseph, y al viajar 25 millas, que fue el recorrido de su primer día, se detuvo en varios lugares con el objeto de vender sus libros, pero le cerraron las puertas tan pronto como declaró sus principios. Cuando llegó la noche estaba agotado y casi desilusionado, pero al llegar a una posada, llena de todo tipo de abundancias, llamó para ver si el propietario compraría uno de sus libros. Al entrar, Samuel le preguntó si no deseaba adquirir una historia del origen de los indios.

‘No lo sé’, replicó el posadero; ‘¿cómo fue obtenido?’ ‘Fue traducido’, contestó Samuel, ‘por mi hermano, de unas planchas de oro que encontró enterradas’. ‘¡Mentiroso!’, gritó el dueño. ‘Fuera de mi propiedad, no se quedará ni un minuto con sus libros’.

Samuel estaba apenado, pues esta era la quinta vez que le cerraban las puertas ese día. Abandonó la casa, viajó una corta distancia y lavó sus pies en un pequeño arroyo, como testimonio en contra del hombre. Entonces siguió otras cinco millas en su viaje, y, al ver un manzano cerca del camino, decidió pasar la noche bajo su cobijo, y allí descansó sobre la tierra húmeda y fría. Al llegar la mañana, se levantó de su poco confortable lecho, y viendo una pequeña cabaña cercana, se acercó con la esperanza de obtener alguna vitualla… Luego continuó a Bloomington, que estaba 8 millas más lejos.

Allí se detuvo en el hogar de John P. Greene, un predicador metodista, y era justo cuando estaba a punto de iniciar una misión de predicación. Al igual que los otros, no mostró interés en adquirir un libro al que consideró una fábula sin sentido; sin embargo, dijo que llevaría una hoja de suscripciones, y, si en su ruta, hallaba a alguien interesado en comprar, escribiría su nombre, y en dos semanas Samuel podría volver a pasar y le diría sobre las posibilidades de venta. Después de hacer este acuerdo, Samuel le dejó uno de sus libros y regresó a casa. Al llegar la fecha acordada, Samuel se dirigió nuevamente a lo del Reverendo John P. Greene, para averiguar el éxito que este caballero había tenido en la posible venta del Libro de Mormón. En esta ocasión, el Sr. Smith y yo lo acompañamos, y era nuestra intención pasar cerca de la taberna donde lo habían tratado tan abusivamente algunas noches atrás, pero antes de llegar, un cartel de viruela, nos lo impidió. Nos retiramos, y al encontrar a un habitante del lugar, le preguntamos si la enfermedad se había extendido mucho. Nos respondió que el tabernero y dos más de su familia habían muerto recientemente, pero no sabía de nadie más que hubiese contraído el mal, el cual había sido traído a la vecindad por un viajero que se detuvo en la taberna una noche…” (Lucy Mack Smith, History of Joseph Smith, pags. 225-226, traduccion de Mario R. Montani)

Hay que hacer notar que acá Samuel ejerce testimonio por medio del lavado de pies, lo cual sería revelado solo el siguiente año en DyC 60:15.
Es posible que exista un error aquí ya que este libro (History of Joseph Smith by His Mother) fue publicado en 1853 y al menos Brigham señalo que el libro estaba lleno de errores.

De cualquier forma, como comentaba, en DyC 60:15 se completa la “ordenanza” explicando que además de sacudir el polvo de los pies “no es su presencia, no sea que los provoques, sino en secreto” debían a continuación “lavar los pies como testimonio en contra de ellos en el día del juicio”.
Nuevamente está el concepto que la maldición, es el dar testimonio contra ellos.

El concepto vuelve a repetirse el siguiente año, 1832, en DyC 75:20 (y de cualquier casa donde entréis y no os reciban, saldréis de allí enseguida, y sacudiréis el polvo de vuestros pies como testimonio contra ellos”, DyC 99:4 (Y quienes te rechacen, serán rechazados de mi Padre y de su casa y limpiaras tus pies en lugares secretos por el camino como testimonio contra ellos) y en DyC 84:92 (Apartaos de quien no os reciba, y estando a solas, lavaos los pies con agua, agua pura … y dad testimonio de ello a vuestro Padre que está en los Cielos, y no volváis más a tal hombre”.

Durante ese periodo la práctica fue ampliamente usada para dejar testimonio de aquellos que no aceptaban el mensaje de la restauración o donde no eran recibidos los misioneros. Mi impresión es que se utilizaba como un “señalizador” que marcaba entre aquellos que querían escuchar el mensaje y aquellos que no.

Samuel R. Weber, en su artículo “Shake Off the Dust of Thy Feet”: The Rise and Fall of Mormon Ritual Cursing” explica que esto posiblemente se debía al sentido de urgencia que tenían los primeros santos de los últimos días, los cuales creían literalmente, que estaban en los últimos días y por tanto estaban buscando en forma urgente a aquellos que estarían presentes en la segunda venida, y marcando a aquellos que habían rechazado el mensaje.

Esto no fue fácil para todos. Cuando Orson Hyde fallo al convertir a su hermana al evangelio, él se sintió compelido a sacudir sus pies por ella “Lagrimas corrieron libremente por mis ojos, y sacudimos el polvo de nuestros pies contra ellos pero fue como si se me perforara el corazón”

De todas formas es posible que algunos misioneros comenzaran a abusar del sacudir los pies ya que Jose tuvo que publicar una carta en la cual volvía a explicar el principio:

“Debe ser obligación de los élderes, cuando entran a una casa, que su obra y voz de amonestación sean hacia el dueño de casa: y si él recibe el evangelio, entonces podrá extender su influencia a su esposa también, para que, con consentimiento, tal vez ella reciba el evangelio; pero si un hombre no recibe el evangelio, pero da su consentimiento para que su esposa pueda recibirlo, y ella cree, entonces que lo reciba. Pero si el hombre prohíbe a su esposa, o sus hijos menores de edad, que reciban el evangelio, entonces será el deber del elder seguir su camino y no utilizar ninguna influencia en su contra: y que la responsabilidad sea sobre su cabeza – sacudan el polvo de sus pies como testimonio en su contra, y vuestras vestiduras estarán libres de sus almas. Sus pecados no serán reclamados a aquellos que Dios envió a advertirles que escapen de la ira que vendrá, y que pudieran salvarse de esta perversa generación… Será el deber de un élder, cuando entra a una casa saludar al dueño de casa, y si obtiene su consentimiento, entonces podrá enseñar a todos los que están en la casa, pero si no obtiene su consentimiento, no irá entre los sirvientes o esclavos, sino que la responsabilidad quedará sobre la cabeza del dueño de casa, y también las consecuencias, y la culpa de esa casa no estará más sobre vuestras vestiduras: son libres, por tanto, sacudan el polvo de los pies, y continúen su camino” (Joseph Smith, “Letter to the Elders of the Church,” Messenger and Advocate 2 (November 1835): 209–12, traducción de Por Mario R. Montani)

Si se fijan, acá Jose une todos los conceptos: El dar testimonio en contra de quienes se opongan al evangelio y el liberarse y ser limpios “en sus vestidos” de los pecados de esa generación perversa. Todo calza.

Adicionalmente durante este periodo la ordenanza comienza a asociarse con el tema de ser “limpios de los pecados de esta generación”, idea que aparece en la Escuela de los Profetas y que luego seria incorporada a la ceremonia de investidura del templo. Orson Prat escribe en su diario de vida que “He lavado mis manos y mis pies como testimonio ante el Señor de que yo he advertido a esta generación perversa y que mis vestiduras han sido limpiadas de su sangre, en el mismo dia en que fui admitido en la Escuela de los Profetas”.  Respecto a lo mismo Jose escribe que “Ahora sentimos que nuestras vestiduras estan limpias de ustedes, y de todos los hombres, cuando nosotros hemos lavado nuestros pies y manos, de acuerdo con el mandamiento”. Se registra que al menos en 1837, Elderes rechazados realizan la acción de “lavar manos y pies y sacudir nuestras vestiduras contra ellos para dar testimonio ante Nuestro Padre que esta en los Cielos”

En la práctica, durante el periodo 1830-1840, la acción de sacudir el polvo de los pies fue utilizado rutinariamente por los misioneros cuando no eran recibidos e incluso cuando no se les prestaba ayuda o se les daban donaciones. Exceptuando la historia de Samuel Smith, al parecer no existen registros de que los misioneros esperaran o vieran algún cumplimiento literal de la maldición, digamos del tipo en que se enfermó el ofensor, o se quemó una casa o ciudad. Básicamente sacudían los pies, y se iban a otro lugar.

Ciudades enteras también fueron “maldecidas” durante ese periodo, básicamente cuando los misioneros sentían que sus habitantes no los tomaban en cuenta, bajo el sentido de urgencia que ellos tenían, se sacudían el polvo de sus pies en esas áreas y enseguida se iban a otras comunidades con la esperanza de encontrar a personas más receptivas a su mensaje.

De todas formas, al parecer ya comienzan a haber algunos cambios en el sentido de “dar testimonio” a algo mas allá en esta ceremonia.

En 1837 y 38 Wilford Woodruff parece haber tenido bastantes problemas con un predicador metodista, ya que registra que maldijo al menos tres veces al “Señor Douglass”. La primera ocasión fue por “rechazar el Libro de Mormon y nuestro testimonio”, la segunda ocasión fue por “rechazar nuestro testimonio y ofender a nuestros pequeños”. Ya en la tercera ocasión el escribe que es la “tercera vez que se testifica a los cielos en contra de ese hombre”. Es la única ocasión en que alguien es maldecido en forma repetitiva.

Así mismo existe un registro de 1840 en Kirtland en la cual un Elder es acusado de varios pecados, entre ellos el de pronunciar maldiciones por medio del lavado de pies sobre otros Elderes, por lo cual es posible que las maldiciones comenzaran a ser utilizadas de mala manera en conflictos entre los miembros.

De hecho seis años más tarde (1847), ya en Salt Lake City, se utiliza la maldición de una manera muy curiosa: Resulta que una persona desconocida, presumiblemente mormon, había muerto la vaca de Albert Carrington, un miembro de la iglesia. Dado que no se podía seguir ningun procedimiento contra el perpetrador debido a que no se sabía quien había sido, el sumo consejo decidió sellar en forma unánime una maldición sobre la persona o personas que habían matado a la vaca de Carrington hasta que aparecieran e hicieran una restitución.

Otra ocasión fuera de lo normal constituyo la ocurrida en 1845 poco antes de salir de Nauvoo cuando se celebró un baile nocturno en el templo. En esta ocasión los miembros de la iglesia no solo “danzaron ante el Señor” sino que también “sacudimos el polvo de nuestros pies como un testimonio contra esta nación” en una de las primera manifestaciones publicas en las cuales el rito se realiza sobre grupos de personas.

De cualquier manera, una vez que los santos se fueron de Nauvoo y llegaron a Utah, el número de enemigos y problemas para ello disminuyo drásticamente y se enfocaron en la construcción de una nueva sociedad en medio del desierto. Por ello el uso de esta maldición disminuyo drásticamente y de hecho no aparece mencionado ni en discursos ni en registros durante décadas aunque comienza a resurgir una vez que los misioneros mormones volvieron a ser enviados a los “estados centrales” aunque en forma muy esporádica.

Una combinación final de la maldición ocurre en 1880 cuando Wildford Woodruff, como presidente del Quorum de los doce, recibe una revelación en la cual se le manda a maldecir a todos aquellos que habían acusado a la Iglesia y habían estado en contra de ella, principalmente desde posiciones de gobierno.

En esta maldición se combinó el sacudirse los pies junto a los círculos de oración introducidos en la investidura de Nauvoo y el “Juramento de Venganza” o “Ley de Retribución” creada luego de la muerte de Jose y Hyrum en 1844, oración en la cual se pedía que Dios vengara la sangre de los profetas asesinados.

De esta manera WW lidero una ceremonia entre sacudirse el polvo por medio de lavamiento de pies y el juramento de venganza sobre una lista de 400 “nombres de personas para ser recordadas ante el Señor debido a sus malas obras y por haber levantado sus manos contra los ungidos del Señor”.

La oración que acompaña esta maldición con lavamiento de pies fue escrita por Wilford Woodruff y leída por el Presidente John Taylor pero en sí, básicamente habla de “levantar testimonio contra aquellos que han derramado la sangre de Profetas y Apóstoles y Ungidos, o han dado consentimiento a su muerte o contra los que han empujado a los santos y los han encarcelado y aún están listos para quitarnos a nosotros nuestra Vida, Libertad y el privilegio de guardar los mandamientos de Dios”

El giro de esta acción es que por primera vez el sacudir o lavar los pies no es para dar testimonio contra aquellos que han rechazado el mensaje del evangelio sino que contra los enemigos políticos de la iglesia.

Una maldición así se repetiría nuevamente en 1889 cuando otro circulo de oración fue hecha con el objeto de emitir una maldición contra R. N. Baskin, un abogado de Salt Lake City que estuvo activamente en contra de la poligamia en aquel tiempo. Según el registro de Abraham H. Cannon, un apóstol participante de la ceremonia, el apóstol y futuro profeta Joseph F. Smith fue particularmente “efusivo en su oración y pidió que Baskin quedara ciego, sordo y mudo a menos que se arrepintiera de su maldad”. Solo por meter más pelos a la sopa, al parecer esto no ocurrió ya que Baskin vivió otros casi 40 años y de hecho fue elegido Alcalde de Salt Lake y posteriormente juez de la corte suprema de Utah solo un par de años después.

Finalmente, con la renuncia a la poligamia en 1890 la Iglesia comienza a evolucionar desde una pequeña y perseguida secta a una Iglesia más normal y estable. Con pocos enemigos con quienes enfrentarse y con un cambio en la mentalidad milenarista de urgencia frente a una muy próxima segunda venida, los mensajes respecto a la maldición comienzan a desparecer siendo el ultimo un discurso del apóstol John W. Taylor en la conferencia general de abril de 1899 en la cual citando a Mateo él dice que “de esta manera Cristo va a juzgar el mundo, donde Él ha dado un mandamiento especial de que … si ellos rechazan [el mensaje] ustedes deben sacudir el polvo de sus pies como testimonio contra ellos, y será más tolerable en el día del juicio para las ciudades de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad o casa que les rechacen”.

Esta es la última vez que una autoridad general llama a maldecir a aquellos que rechacen el mensaje. Desde allí en adelante las instrucciones por medio de cartas y pulpitos llaman más a bendecir a los hombres, y que si son rechazados, sigan de largo y con el tiempo vuelvan a intentarlo. Joseph F. Smith enseña ese principio en la conferencia general de 1904.

“Si se maldice, con un espíritu de rectitud y humildad frente a Dios, Dios confirmará la maldición; pero los hombres no son llamados para maldecir a la humanidad; esa no es nuestra misión; sino predicarles la rectitud. Nuestra obligación es amarles y bendecirles, y redimirlos de la caída y de la maldad del mundo… Dejemos la venganza en las manos de Dios y que él juzgue entre nosotros y nuestros enemigos y los premie de acuerdo a su sabiduría y misericordia”

Sin embargo al mismo tiempo que el sacudir los pies desaparece de la práctica normal entre los santos comienza a aparecer una asociación con una maldición grave y de condiciones súper extraordinarias. Uno de los mejores ejemplos y que posiblemente es la fuente de que se considere este ritual como algo grave es lo escrito por James E. Talmage en 1915 en su clásico “Jesús el Cristo”.

“La ceremonia de sacudir el polvo de los pies como testimonio contra otro, representaba para los judíos el cese de la confraternidad y un renunciamiento a toda responsabilidad por las consecuencias que pudieran sobrevenir. Como se cita en el texto, llegó a ser, por instrucciones del Señor a sus apóstoles, una ordenanza de acusación y testimonio. En la dispensación actual, el Señor igualmente ha instruido a sus siervos autorizados a que testifiquen de esta manera contra aquellos que intencional y maliciosamente se opongan a la verdad cuando se les presente autorizadamente. Es tan grave este símbolo acusador, que se debe emplear únicamente en condiciones extraordinarias y extremadas, de acuerdo con lo que dicte el Espíritu del Señor”

Si leemos el texto, Talmage identifica bien el significado y símbolo de acusación y testimonio, sin embargo le pone de su cosecha al agregar que es “tan grave” que solo se puede emplear en condiciones “extraordinarias y extremas”.

Con el tiempo, y ya completamente fuera de uso, las referencias en discursos durante el siglo XX son extremadamente limitadas y por lo general, son para enfocarse en que hemos sido llamados para bendecir y no para maldecir, sin embargo el conocimiento de la ordenanza ha permanecido en justamente su campo de acción: La obra misional. Yo diría que no existe ningun misionero que cuando llegando a la misión, no haya sido introducido a una de las dostrinas favoritas entre los elderes: La ordenanza del sacudirse el polvo de los pies.

Lamentablemente este conocimiento ha llegado muy tergiversado con respecto a su funcionamiento y función original, la cual podemos encontrar en las escrituras y en la práctica en el siglo XIX y al contrario, tiene un componente más folclórico misional unido a relatos de sucesos extraordinarios en los cuales se manifiesta “el Poder de Dios” para castigar a los inocuos, algo bastante alejado del concepto original de dar testimonio de ellos para el ultimo día o para ser limpios de los pecados de esa generación.

Las historias incluyen ciudades destruidas por terremotos luego de rechazar o perseguir a misioneros o largas sequias o plagas por rechazar el mensaje. También incluyen incendios en centros de fotografía o lavanderías que se burlaron de los misioneros o personas “malas” que sorpresivamente son afectadas por accidentes o enfermedades. Y aunque siempre hay una u otra historia de primera mano, la mayor parte de las ocasiones son historias que uno escucha en la misión que le paso a otro misionero que conocía a un amigo del compañero que sirvió varios años atrás o cosas por el estilo. De hecho si investigan las historias misionales, se darán cuenta que varias de las historias que a ustedes les contaron ocurrió en “esta misión” son relatadas casi exactamente igual en la misión Japón Osaka o en Estados Unidos – Alaska.

En resumen, la ordenanza del sacudirse el polvo constituía una testimonio que daban los misioneros de los primeros años de la Iglesia para separar a los elegidos de aquellos que rechazaban el mensaje en una segunda venida que era inminente para ellos. En el curso del tiempo, el rito tomo distintos formatos (sacudir el polvo, lavarse los pies, lavarse los pies con agua pura, sacudirse el polvo y lavarse los pies, sacudirse la ropa, realizarlo en círculo de oración, etc.) pero todas llevaban a lo mismo: Dar testimonio en contra de individuos o ciudades.

Sin embargo, con la pérdida progresiva de enemigos y con el alejamiento del espíritu de inminencia del ultimo día, los santos comienzan a cambiar su enfoque a bendecir, e intentar convencer a los incrédulos una y otra vez, hasta que se pueda con lo cual este rito cae en la práctica en el desuso, excepto en la obra misional, donde permanece pero en una forma tergiversada de su planteamiento original, transformándose prácticamente en un “avada kedavra” misional, una ordenanza legendaria con miles de historias entre los misioneros

Mas refierencias:
Shake Off the Dust of Thy Feet”: The Rise and Fall of Mormon Ritual Cursing, Samuel R. Weber DIALOGUE: A JOURNAL OF MORMON THOUGHT, https://www.dialoguejournal.com/wp-content/uploads/sbi/articles/Dialogue_V46N01_526d.pdf

Sacudiendo el Polvo de los Pies, por Mario Montani

13 thoughts on “La maldición de sacudirse el polvo de los pies.

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    Mientras estaba en el CEM en Marzo de 1992 en Santiago de Chile nos visitó Elder Richard G. Scott, luego de compartir un mensaje nos invió a hacerle algunas preguntas, un misionero le preguntó acerca de “El Sacudir los Pies”, y Elder Scott brevemente dijo: Esa es una Ordenanza Apostólica, ustedes no tienen autoridad para realizarla.

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    Cuando se habla del sacerdocio y las llaves que encierra, se deberí.
    a tomar con la percepción del amor, y nunca en uso de sed de venganza.
    Fui misionero, y el comentario era habitué entre los que se ensalzaban en el poder de Dios. Nunca creí que como mensajeros de paz, y de llevar un mensaje de esperanza, se podía usar como forma de “marcar” a aquellos que en su uso de libertad religiosa, no quisieran recibir el mensaje, tomar como regalo el Libro de Mormón. Y que por lo tanto, aún siendo mal tratados y echados, se debiera “usar esa llave”.
    Cuando alguien no quería recibirnos, y se burlaba…. solo le decía: “amigo, hoy el Señor envió dos de sus mensajeros, es su día… queda como testimonio ante Dios, que tuvo éste momento…. no lo podrá negar ante el juicio….”
    Pero quedaba tal vez. otra tiempo para que él pudiera recibirlo…
    No se puede sellar, la oportunidad de recibir el evangelio…
    ¿Que hubiese pasado con Saulo de Tarso?

    Creo que la mala interpretación del poder del sacerdocio hace que se desvirtúe, el propósito del uso de las llaves.
    ¿Uso esa llave el Salvador, aún en el rechazo y sufrimiento ante de ser crucificado?

    Como anécdota un misionero sacudió sus pies ante una persona borracha, porque se les burlaba… jactándose, dijo…”ya sabrá quienes eramos nosotros” (sin comentarios)

    Esto es casi igual como cuando por tener el “poder”, uno se puede enfrentar a satanás. No es lo mismo tener el don de discernimiento de espíritus, y usar las llaves, en bien de liberar.

    Cuando mas se aprenda que el evangelio es para bendecir al igual que el poder que encierra, mas amaremos a nuestro hermano, y lo bendeciremos.
    saludos amigos.

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    Solicito la esclavitud virtual de mis calumniadores la gran ramera del Apocalipsis y las 10 vírgenes imprudentes de las bodas del cordero de Dios porque soy la bestia de la gran ramera del Apocalipsis y porque tambien engañaron a Jesucristo en su segunda venida en la película la pasion de Cristo. Tambien solicito a mi representacion como el sellamiento matrimonial en el templo de Guatemala en calidad de relevo.

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      ¡Ooooooooooooraaaaaaleeeeee………..! pasa tantito de lo que te fumaste, se ve que es mota de calidad. Quiero volar al igual que tú… no seas envidioso…

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