Lo que los Manuscritos y los Testigos nos dicen en cuanto a la Traducción de El Libro de Mormón

Continuando con los artículos respecto a la aparición del Libro de Mormón, desde el Perú Walter Cruz nos envió un email con una traducción que el había hecho de un documento al respecto de BYU-Farms. El texto es muuuuyyyy interesante y revela mas aspectos de este proceso y como los investigadores, a partir del estudio del manuscrito original y de la primera edición del libro de mormón pueden concluir de una manera mas fuerte el hecho de que José no invento o escribió el libro sino que de alguna manera tradujo el libro de mormón desde otra fuente.


Lo que los Manuscritos y los Testigos nos dicen en cuanto a la Traducción de El Libro de Mormón

Daniel C. Peterson
Traducción libre por Walter Iván Cruz, Perú

Royal Skousen ha dedicado una década y media a un estudio intensivo del texto del Libro de Mormón, y de manera especial al manuscrito original y al del editor. Es su fuerte opinión que la evidencia del manuscrito apoya el relato tradicional del origen del Libro de Mormón, y que no apoya la idea de que José Smith elaboró por sí mismo el texto o lo copió de cualquier otro manuscrito existente. Todos los testigos creían que de alguna manera José Smith veía las palabras y se las leía a los escribas. Tomados en conjunto, estos dos hechos son altamente significativos. Examinemos brevemente algunos datos relevantes.

Ante todo, la evidencia apoya fuertemente el relato tradicional que narra que el manuscrito original fue dictado oralmente. Las clases de errores que ocurren en el manuscrito son claramente los que ocurren cuando un escriba no escuchó bien, en vez de ser errores de mala lectura cuando se copia de otro manuscrito. (Por contraste, el manuscrito del impresor muestra precisamente la clase de anomalías que uno esperaría de los errores de un copista). El análisis meticuloso de Royal aún sugiere que José estuvo trabajando con más de veinte o treinta palabras a la vez.

Es aparente que José podía ver el deletreo de los nombres desde donde sea que los leía. Cuando el escriba había escrito el texto, él (o ella en el caso de Emma Smith) evidentemente lo leía en voz alta a José Smith para su corrección. De manera que el Profeta evidentemente tenía algo con él desde donde él dictaba, y con lo cual podía corregir lo que sus escribas habían escrito. Pero, ¿qué era esto? Los testigos son unánimes en cuanto a que él no tenía ningún libro, manuscrito o documento con él durante el proceso de traducción, el cual comprendía largos períodos de dictado.

En una entrevista con su hijo, José Smith III, poco antes de que ella muriese, Emma Smith insistía en que José no tenía ningún texto con él durante la obra de traducción:

    P. ¿No tenía él un libro o manuscrito desde donde a usted le leía o dictaba?

    R. Él no tenía ningún manuscrito ni libro desde donde leía.

    P. ¿No podía tenerlo sin que usted lo supiera?

    R. Si él hubiese tenido alguna cosa parecida no podría haberla ocultado de mí.

Emma Smith pudo hablar con autoridad con respecto al período durante el cual ella misma sirvió como escriba. Pero ¿qué hay sobre el período más prolongado cuando Oliverio Cowdery estaba tomando el dictado? De hecho, Emma podía hablar de una experiencia personal con respecto a ese tiempo también. Mientras estaban en Harmony, Pennsylvania – donde la mayor parte del texto de El Libro de Mormón fue escrito – Emma dijo que José y Oliverio no estaban lejos de ella:

P. ¿Dónde escribían papá y Oliverio Cowdery?

R. Oliverio Cowdery y tu padre escribían en el cuarto en donde yo estaba trabajando.

Ella dijo: “Las planchas a menudo descansaban en la mesa sin ninguna intención de ser escondidas, envueltas con un pequeño mantel de lino, que yo le había dado a él para envolverlas. Una vez sentí las planchas cuando estaban en la mesa, trazando su borde y su forma. Parecían ser apilables como papel grueso, y emitían un sonido metálico cuando se movían los bordes con el pulgar, como cuando uno pasa los dedos por los bordes de las páginas de un libro.”

No mucho después de hablar con ella, José Smith III escribió una carta en la que él resumió algunas de las respuestas que ella dio a sus preguntas. “Ella escribió para José Smith durante la obra de traducción, como también lo hicieron Rubén Hale, su hermano, y O. Cowdery; que la mayor parte de esta obra fue hecha en su presencia, y en donde ella podía ver y saber lo que se estaba haciendo; que mientras duró José Smith no tuvo ningún mss. [manuscrito] o libro de ninguna clase desde donde pudiese leer, o dictar, excepto las planchas metálicas, las cuales ella sabía que él tenía.”

Un corresponsal del Chicago Times entrevistó a David Whitmer el 14 de Octubre de 1881, y obtuvo la misma historia: “El Sr. Whitmer afirma enfáticamente, como lo hicieron Harris y Cowdery, que mientras Smith dictaba la traducción éste no tenía notas manuscritas u otros medios de conocimiento salvo la piedra vidente y los caracteres que se veían en las planchas, y que él [i.e., David Whitmer] estuvo presente y presenció como se realizaba.”

De manera similar, el St. Louis Republican, basado en una entrevista a mediados de Julio de 1884, informó que “Papá Whitmer, quien estuvo presente muy frecuentemente durante la escritura del manuscrito [i.e., de el Libro de Mormón], afirma que José Smith no tenía ningún libro o manuscrito frente a él del cual éste pudiera leer como se afirma que lo hizo, habiendo tenido él (Whitmer) la oportunidad de saber si Smith tenía el romance de Salomón Spaulding, [i.e., una novela] o el de cualquier otra persona, como para leer de éste.”

David Whitmer repitió insistentemente que el proceso de traducción ocurrió a plena vista de los familiares y amigos de José Smith. (La imagen común de una cortina que colgaba entre el Profeta y sus escribas, vista algunas veces en ilustraciones de la historia del Libro de Mormón, está basada en una mala interpretación. Sí existió una cortina, al menos en las últimas etapas del proceso de traducción, sin embargo, esa cortina no estaba suspendida entre el traductor y el escriba sino cerca de la puerta delantera de la casa de Peter Whitmer, con el fin de prevenir que los caminantes y mirones interfieran con la obra.)

Una evidencia adicional que demuestra que, sea lo que estuviera pasando, José Smith no estaba simplemente leyendo de un manuscrito, proviene de un episodio relatado por David Whitmer a William H. Kelley y a G. A. Blakeslee en enero de 1882:

    Él no podía traducir a menos que fuese humilde y poseyese los sentimientos correctos hacia todos. Se los ilustraré para que vean. Una mañana cuando él estaba alistándose para continuar con la traducción, algo estuvo mal con la casa y él se molesto por esto; era algo que Emma, su esposa, había hecho. Oliverio y yo subimos las escaleras y José se nos unió rápidamente para continuar con la traducción, pero él no pudo hacer nada. No pudo traducir ni una simple sílaba. Él bajó las escaleras y fue a un jardín en donde oró al Señor; estuvo fuera por casi una hora, y cuando volvió a la casa le pidió perdón a Emma y entonces subió las escaleras a dónde estábamos y la traducción continuó sin problemas. Él no podía hacer nada a menos que fuese humilde y fiel.

Whitmer le contó la misma historia a un corresponsal del Omaha Herald durante una entrevista el 10 de octubre de 1886. En lo que tal vez es un lenguaje sobredimensionado, el reportero del Herald resumió el acontecimiento de la siguiente manera:

    Él [José Smith] fue de nuevo a orar a la arboleda, y esta vez se fue por una hora completa. Sus amigos llegaron a estar bastante preocupados, y estaban a punto de organizar una búsqueda, cuando José entró pálido a la habitación, habiendo padecido un severo castigo de las manos del Señor. Fue directamente a su esposa en humildad, pidiendo y obteniendo su perdón, volvió a la obra, y con mucho gozo para él mismo y para los ansiosos amigos que lo rodeaban, la piedra volvió a mostrar las letras de fuego.

Parecería ser de esta anécdota que José Smith necesitaba estar espiritual o emocionalmente preparado para que continuase el proceso de traducción, algo que hubiese sido completamente innecesario si simplemente él lo hubiese leído de un manuscrito preparado. En este punto un escéptico podría tal vez sugerir que las distracciones emocionales interferían con la habilidad de José Smith para recordar un texto que él había memorizado la noche anterior para dictárselo a sus inocentes secretarios, o que los devaneos personales lo distraían como para poder improvisar un texto original que pueda ser escrito como si le hubiese ocurrido a él. Pero tales potenciales contra-explicaciones sufren de serios defectos: Si fuera remotamente posible imaginar a José Smith o a cualquier otra persona memorizar o componer casi 5000 palabras diarias, día tras día, semana tras semana, en la producción de un libro complejo y voluminoso es una pregunta que los lectores pueden meditar por sí mismos. También uno podría preguntarle al mismo escéptico por qué José simplemente no escribió el libro por sí mismo si estaba en verdad fingiendo la recepción del texto por revelación.

Una anécdota relatada por Martín Harris a Edward Stevenson dar evidencia contra el que la traducción sea un simple dictado de un texto memorizado o la lectura mecánica de un manuscrito ordinario introducido subrepticiamente en la habitación. Al hablar Harris de los primeros días de la obra, antes de la llegada de Oliverio Cowdery, cuando él servía como escriba, “dijo que el Profeta poseía una piedra vidente, mediante la cual él era capaz de traducir, así como también por el Urim y Tumim, y que por conveniencia él usaba la piedra vidente.” La piedra vidente era colocada en un sombrero para oscurecer la luz circundante y hacer legibles las palabras escritas en ella. Al contrario, por supuesto, el escriba necesitaba luz para poder escribir el texto. Esta situación, aunada al hecho de no existir una cortina divisoria, puede haber hecho muy difícil, si no imposible, que José escondiese un manuscrito, o libros, o las planchas mismas. El relato de Stevenson continúa:

    Con la ayuda de la piedra vidente aparecían las oraciones y eran leídas por José y escritas por Martín, y cuando terminaba de escribir él decía: “Escrito”, y si estaba correctamente escrito, la oración desaparecía y aparecía otra en su lugar, pero si no estaba escrita correctamente esta permanecía hasta que se corrigiese, de manera que la traducción era tal como fue grabada en las planchas, precisamente en el lenguaje que se usaba entonces. Martín dijo que después de continuar con la traducción cuando ellos se cansaban, bajaban al río y se ejercitaban tirando piedras, etc. En una ocasión mientras lo hacían, Martín encontró una piedra que se asemejaba mucho a la que se usaba para traducir, y al reasumir la obra de traducción, Martín reemplazó la piedra vidente con la que había encontrado. Él dijo que el Profeta permaneció en silencio, y se esforzaba de manera inusual por ver en la obscuridad, sin que aparecieran trazos de las habituales oraciones. Muy sorprendido, José exclamó: “¡Martín! ¿Qué es lo que pasa? ¡Todo está tan obscuro como en Egipto!” El rostro de Martín lo delató, y el Profeta le preguntó por qué lo había hecho, a lo que Martín respondió que para tapar la boca de los necios que le habían dicho que el Profeta se había aprendido todas esas oraciones y que solo las estaba repitiendo, etc.

Además, resulta claro por medio de un cuidadoso análisis del manuscrito original que José no sabía de antemano lo que el texto iba a decir. Los cortes de capítulos y las divisiones de los libros aparentemente lo sorprendían. Evidentemente él veía alguna indicación de un corte en el texto, y, cada vez que ocurría, le decía al escriba que escribiese “Capítulo” y más tarde se agregaban los números. Por ejemplo, en lo que ahora reconocemos como el final de 1 Nefi, el manuscrito original primero indica que iba a empezar un nuevo capítulo (En las divisiones de capítulos original el texto que continuaba estaba marcado como “Capítulo VIII.) Cuando José y Oliverio subsecuentemente descubrieron que en vez de eso estaban ante el inicio de un libro completamente distinto, 2 Nefi, la especificación original de capítulo fue tachada y colocada después del título del nuevo libro. Esto es muy instructivo. Indica que José podía solo ver el final de una sección pero que no sabía si la siguiente sección sería otra porción del mismo libro o, por el contrario, el comienzo de un libro enteramente nuevo.

Inclusive, había partes del texto que él no entendía. Su esposa Emma recordaba de las primeras etapas de la traducción: “Cuando llegaba a los nombres propios que él no podía pronunciar, o a palabras largas, las deletreaba”, y evidentemente ella mencionó su experiencia a David Whitmer o a cualquier otra persona que supiese de este fenómeno de manera independiente. Whitmer le contó a E. C. Briggs y a Rodolfo Etzenhouser en 1884 que “cuando José no podía pronunciar las palabras las decía letra por letra.” Briggs también recordó una entrevista de 1856 en la que Emma Smith “hizo hincapié en la limitada educación de su esposo mientras él traducía el Libro de Mormón, cuando ella era su escriba, ‘Él no podía pronunciar la palabra Saríah.’ Y en una ocasión cuando estaba traduciendo, cuando se mencionaron los muros de Jerusalén, él se detuvo y dijo: ‘Emma, ¿Jerusalén tenía muros que la rodeaban? Cuando le dije que así era me respondió: ‘Oh, pensé que había sido engañado.’” Como se resumió del testimonio de David Whitmer en 1885 en el Chicago Tribune, éste confirmó la experiencia de Emma: “Al traducir los caracteres, Smith, quien era iletrado y muy poco versado en la historia bíblica, a menudo era compelido a deletrear las palabras, no sabiendo la pronunciación correcta, y el Sr. Whitmer recuerda el hecho de que en ese tiempo Smith ni siquiera sabía que Jerusalén era una ciudad amurallada.” (El uso del término iletrado es potencialmente engañoso puesto que José Smith era letrado, según el uso actual de la palabra, ya que él podía leer y escribir. Pero José no era una persona instruida; no era un hombre de letras. Según esto, en un sentido de la palabra, él era iletrado.)

En la noticia de la muerte de David Whitmer, e indudablemente basados en sus entrevistas anteriores a él, el número del Chicago Times del 24 de enero de 1888 volvió a hacer alusión a las dificultades que tenía José Smith con el texto que dictaba: “Smith, siendo iletrado, a menudo tropezaba con palabras grandes, las que el maestro de la villa [Oliverio Cowdery] se las pronunciaba, de tal manera que la obra prosiguiera.”

Así vemos que José Smith parecía haber estado leyendo desde algo, pero que no tenía ningún libro, manuscrito o documento con él. Parece ser que era un texto nuevo y extraño para él, y que requería cierto enfoque emocional o mental antes de poder leerlo. Todo esto es completamente consistente con las afirmaciones de José Smith, de que él estaba dictando el texto por revelación mediante un instrumento interpretativo, y no concuerda con las afirmaciones de que él había creado el texto previamente, o que estaba leyendo de una copia fraudulenta de algún manuscrito perteneciente a otra persona. Para hacer plausible esta última teoría tendríamos que rechazar el testimonio unánime de los testigos visuales en el proceso e ignorar la evidencia del mismo manuscrito original.

Hubo una caverna en Cumorah?

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Aunque por todos es conocida la historia de como salieron las planchas, desde una caja de piedra cubierta con una roca gruesa y redonda, existen registros de la segunda mitad del siglo XIX que hablan de una caverna en el cerro cumorah donde las planchas junto con otros objetos fueron finalmente depositadas al finalizar la traduccion del Libro del Mormon.

Existen al respecto por lo menos 10 relatos, todos de segunda mano, referidos a la caverna y a lo que contenia esta. Todos los relatos fueron hechos cuando los santos ya habian llegado a Utah por lo cual de todas formas es algo dificil establecer una comprensible claridad al respecto.

De todas formas, los relatos son coincidentes entre ellos. Por ejemplo B. Young menciono lo siguiente:

Oliver Cowdery fue con el Profeta Jose cuando el deposito las planchas. Jose no tradujo todas las planchas, hubo una parte de ellas sellada, como pueden aprender de doctrina y convenios. Cuando Jose tomo las planchas, el angel le instruyo que debia devolverlas al cerro Cumorah, que fue lo que el hizo. Oliver dijo que cuando fueron alli, el cerro se abrio y ellos caminaron dentro de una caverna, en la cual habia una sala grande y espaciosa. El comento que el no penso en ese momento si tenian luz del sol o artificial, pero que la iluminacion era como de la luz del dia. Dejaron las planchas sobre una mesa, una gran mesa que habia en la habitacion. SObre esa mesa habia una pila de planchas de como 70cm de alto, y habia muchas mas planchas en la sala que probablemente llenarian varios carros de carga; estas estaban amontonadas en las esquinas y a lo largo de las paredes de la sala. La primera vez que fueron alli la espada de Laban estaba colgada en la pared, pero cuando volvieron a ir esta habia sido retirada y puesta en la mesa encima de las planchas de oro; habia sido desenvainada y en ella aparecian escritas las siguientes palabras: “Esta espada nunca sera envainada de nuevo hasta que los reinos de este mundo se transformen en el reino de nuestrio Dios y su Cristo”. Lo que les cuento no viene solo de Oliver Cowdery sino que varios otros conocen de esto

Brigham Young, Journal of Discourses, 17/6/1877

En una entrevista dada por David Whitmer en 1878 el agrega al relato la siguiente informacion

[Poulson]: ¿Entonces dónde están las planchas ahora?
[Whitmer]: En una cueva, donde el ángel las ha ocultado hasta que llegue el momento cuando las planchas, las que están selladas, se traducirán. Dios, levantará a uno poderoso, quien hará el trabajo hasta que esté terminado y Jesús venga de nuevo.
[Poulson]: ¿Y dónde está esa cueva?
[Whitmer]: En el Estado de Nueva York.
[Poulson]: En el Cerro de Comorah?
[Whitmer]: No, pero no muy lejos de aquel lugar.

Sinnnnn embargo….

Por un lado no se tiene ningun registro de parte de Jose que registre la historia de la caverna, lo cual no deja de ser raro ya que Jose acostumbraba a anotar todo lo que le ocurria. Por otro lado, la geologia del cerro de Cumorah (un deposito de materiales dejados ahi por el avance de un glaciar) hace teoricamente imposible que exista una caverna en el lugar, por lo menos una natural. Este hecho hace que exista otra explicacion entre los estudiosos SUD: El hecho de que hubo una caverna, pero esto sea geologicamente imposible (o que nunca se halla encontrado evidencia de alguna caverna artificial) hace pensar a algunos que el relato en realidad se trato de una vision o transportacion divina, similar a lo relatado por Nefi en 1 Nefi 11:1, y no de una visita fisica a Cumorah.cumorah, sino que quizas una “teletransportacion” quien sabe, quizas al Cumorah original en Mexico o Centroamerica…. pero eso, por supuesto, es otra historia :wink:

¡Queme el libro! – La Historia de Vincenzo di Francesca.

por Don Vincent Di Francesca.
Liahona Julio 1968.

NACI el 23 de septiembre de 1888 en Gratteri, provincia de Palermo, Sicilia, hijo de Joseph D. y Marianne D. María Francesca. El 22 de febrero de 1892, falleció mi madre, y con mi hermano Antonine y mi hermana Josephine, fui a vivir con mis abuelos maternos.

Cuando tenía siete años, asistí a la escuela primaria. Mi abuelo, deseando que yo pudiera recibir un entrenamiento de naturaleza religiosa, hizo los arreglos para que mi primo, Vincent Serio, me enseñara. Tuve tanto éxito en desarrollar el arte de leer Escrituras, que para cuando tenía 11 años de edad, mi maestro me alabó diciendo que yo había sido bendecido para tener tan gran don.

En noviembre de 1900, se me permitió ingresar a una escuela secundaria dirigida por una orden religiosa, y ahí estudié religión hasta 1905. Mientras tanto, mi hermano Antonine, que había inmigrado a Nueva York, me invitó a venir a América. De esta manera, a la edad de 17 años, zarpé de Ñapóles, llegando a Nueva York el 12 de octubre de 1905. Ahí conocí a un amigo de mi hermano, Ariel Debellón, un pastor de la rama italiana de una de las iglesias protestantes, quien me asignó como maestro para servir entre los miembros de la congregación. Estaba tan asombrado con mi don de leer las Escrituras, que me sugirió que asistiera al Colegio Knox en la ciudad de Nueva York. Seguí su consejo y me gradué en religión el 24 de noviembre de 1909.

Mientras recuerdo los eventos de mi vida que me llevan a una fría mañana de febrero de 1910, no puedo dejar de sentir que Dios se había acordado de mi existencia. Esa mañana, el conserje de la capilla italiana me entregó un recado del pastor, en el que me comunicaba que estaba enfermo y me pedía que fuera a su casa, ya que tenía varios asuntos importantes que quería discutir concernientes la parroquia.

Mientras caminaba por la calle de Broadway, el fuerte viento del mar abierto soplaba helado, así que permanecí con la cabeza baja y la cara en dirección contraria al viento. Fue entonces que vi lo que parecía ser un libro, colocado sobre un barril lleno de cenizas, el cual pronto sería recogido por los camiones de basura. La forma de las páginas y la manera en que estaban encuadernadas me dieron la impresión de que era un libro religioso. Con curiosidad lo levanté y lo sacudí contra el barril para quitar las cenizas de las páginas; estaba escrito en inglés. Busqué el frontispicio pero lo habían arrancado.

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Se aproxima cambio "doctrinal" en el Libro de Mormon

http://foroanime.com/foros-de-anime/27367-otaku-luisalbertoz-albums-pinturas-1901-imagen-aqui-ven-a-gran-helaman-y-dos-mill-jovenes-lamanitas-xd-32478.jpgJejejeje, bueno, este es un titular algo amarillista y realmente no seria el mas adecuado, excepto si lo escribe un anti mormon  aprovechandose de la mente de los que creen que cualquier cosa escrita o dicha por lideres siempre es doctrinal y jamas  jamas jamasito cambiara. Cuando lean mas me entenderan a que me refiero.

Entonces, cual es el titulo correcto?. Creo que podria ser “Pequeño cambio en el Libro de Mormon enciende polemica en los Estados Unidos”. De que hablo? Hace unos años la Iglesia permitio que una editorial independiente a la misma iglesia (DoubleDay) publicase una  “Book of Mormon Special Edition”, enfocada para la venta a no mormones en forma “no religiosa” (es decir, que se podria comprar en cualquier libreria o internet). El cuento es que recien ahora, mas de un año despues, alguen se dio cuenta que tiene un pequeño gran cambio con respecto a la version tradicional que todos conocemos. Lo divertido del asunto, es que ha generado un pequeño gran escandalo, pero la verdad, yo lo veo como un hecho muy interesante por un lado, y curioso por otro, ya que, por un lado, nadie dijo nada (la iglesia fue la que promovio este cambio) y por otro lado, nadie se habia dado cuenta de ello.

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1 Nefi

1 Nefi
Parte del encabezamiento de este capitulo (agregado en todos los capítulos, para un mayor entendimiento de estas, en el año 1879) nos dice:
“Lehi ve en visión un pilar de fuego y lee en un libro de profecías – Alaba a Dios”
Esta, hace una síntesis del tema que hoy tocaremos. Un principio sencillo, un procedimiento eterno, causa efecto, el proceso para recibir un testimonio de las escrituras, de su veracidad.
Primero
Debemos entender que el estudiar las escrituras es un mandamiento tal como se explica en el verso 11:
“Le dio un libro y le mando que lo leyera”.
El que nosotros estudiemos las escrituras es esencial por el hecho que “es imposible que el hombre se salve en la ignorancia” (D y C 131:6). Por lo cual debemos conocer las escrituras. Conocimiento es “entendimiento y comprensión, particularmente de la verdad, según la enseña o confirma el Espíritu” (GEE pág. 36), en palabra sencillas, mientras mas influencia tengamos del Espíritu, mayor será nuestro conocimiento (Este tema se puede extender muchísimo mas, pero no es el caso).

Segundo
Mientras estamos leyendo, debemos estar concentrados en lo que leemos, más que leer debemos estudiar y escudriñar las escrituras con atención y detenimiento. Debemos probar del fruto.
Verso 12:
“Mientras leía fue lleno del Espíritu del Señor”.

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