Esta pregunta a pasado por mi cabeza muchísimas veces y a pasado en distintas etapas espirituales de mi vida.
Las primeras veces en que se vino a mi mente aquella pregunta me llevo a meditar en cuanto a mi Dios y quien era el, ¿existía?. No recuerdo a que edad fue la primera vez en que pensé en esa pregunta gigantescamente importante para nuestras vidas y eternidades, pero lo que si recuerdo y se, es que Dios Vive y su hijo es mi Salvador, es por quien hoy tengo esperanzas y lucho a diario.
El día sábado, buscando que hablar con mi amado quórum, sentí que debería hablar sobre “preguntas del alma”, como las titula Predicad Mi Evangelio, estas son:
¿Existe Dios?
¿Qué espera de mi Jesucristo?
¿En que me pueda ayudar el cree en Jesucristo?
¿Hay vida después de la muerte?
¿Cuál es el propósito de la vida?
¿Por qué permite Dios que haya maldad y sufrimiento?
¿Es necesario que sea bautizado mi niño pequeño?
¿Me conoce Dios?
¿Contesta Dios las oraciones?
¿Cómo puedo hallar paz y gozo?
¿Cómo puede ser mi familia más feliz y unida?
¿Qué puedo hacer para equilibrar mi familia y mi carrera?
¿Cómo puedo fortalecer la relación que tengo con mi cónyuge?
¿Cómo puedo evitar el pecado?
Enfocarse en todas estas preguntas en un corto tiempo (una sola clase) es mucho. Es por eso que me enfoque en lo que sentí que debía compartir, a saber, “¿Existe Dios?”.
Lo primero que quise y quiero dejar en claro es que el hacerse estas preguntas no es malo, no es símbolo de no tener fe, y NO significa que no somos dignos y que debemos dejar de asistir, dejar nuestro llamamiento y mucho menos que somos impuros. El hacernos esta pregunta no es símbolo de nunca haber tenido fe.
Antes esta pregunta y otras tan profundas y trascendentales como esta, lo que buscamos es una respuesta. Pero, ¿que respuesta buscamos?. Creo que podemos dividir la respuesta en dos posturas:
1.- Queremos escuchar solo lo que queremos escuchar, sin importarnos cual es la verdad. En otras palabras solo oír nuestros propios deseos con la sola mira de “salirme con la mía”.
2.- Queremos escuchar la verdad, hacer lo que sepamos que es cierto, hacer lo correcto. Actuar en base a nuestro conocimiento espiritual y someter a la lógica.
Tal vez buscamos, porque somos inseguros y/o soberbios, andar por experiencias y no por fe, porque así nos lo indica nuestra lógica. Ante esto, lo espiritual nos da una lección sencilla, pero muy profunda; “…no contendáis porque no veis, porque no recibís ningún testimonio sino hasta después de la prueba de vuestra fe” (Éter 12:6). Ante esta afirmación entregada por Éter tenemos que cuestionarnos si estamos dispuestos, primero, ha hacer algo por que nuestra fe aumente y segundo si decimos si, debemos enfrentarnos a nosotros mismos y preguntarnos qué estamos dispuestos ha hacer para empezar a ser constantes.
Ahora, como podemos materializar esto, que suena tan teórico. La respuesta es increíblemente sencilla INTENTENLO.
Al preguntar a mi quórum como podemos materializar todo esto, un hermano dijo que el Padre dice “probadme ahora en esto”. Lo que el indicó da una luz importante para todos los faltos de fe, simplemente probadle. Se viene a mi mente las madres, “Como me dices que no te gusta la zanahoria si no la has probado” y luego de unos años decimos, “no se como no me gustaba la zanahoria si es tan rica”.
Luego de que el Padre pruebe nuestra fe, tendremos felicidad, paz, amor y una convicción plena de que Dios vive, será una sensación de convicción de saber que Él vive, que podrás verle algún día y el amor por todos aumentara.
Sin embargo, existe un elemente que no debemos dejar de tener presente, la oposición.
Luego de tener esa hermosa sensación (horas, días o semanas después), vendrán a tu mente dudas, incluso la misma pregunta ¿existe Dios? y detrás de ellas escucharas ¿y si me sugestione… o tal vez me auto convencí de que Dios existe? Ese momento será un momento difícil, un momento de lucha intensa que de algún modo u otro marcara nuestras eternidades.
En ese momento, nuestras rodillas se deben doblar, nuestros brazos debemos cruzar y ojos cerrar y lo mas profundo del alma debemos dirigir a nuestro Padre Celestial, el rey de los cielos y la tierra, el Padre del Príncipe de paz. No debemos pararnos de allí hasta sentir que debemos hacerlo. Cuando así lo sintamos, seremos fuertes y satanás no podrá hacer nada contra nosotros.
Tal vez esta experiencia se repetirá una y otra vez en nuestras vidas, y eso no importa, lo importante es no dejarse caer, es no dejar que el enemigo gane. Dios nos ayudara, yo lo se.
“Cada nueva experiencia espiritual requiere diligencia, la disposición de escuchar y aplicar los principios y el deseo de someterse al influjo del espíritu”
¿Quieren dejar de dudar?
¡PONGAN EN PRACTICA LO QUE SABEN QUE ES VERDAD!
Se que esto es verdad, no tengo dudas en mi corazón y aun que mi razón luche eternamente contra mi ser espiritual, seguiré venciendo junto a mi Dios.

Ultimos Comentarios