Un memorable viaje al mormonismo – Parte 2

En la primera parte de mi viaje dije como fue que conocí a un mormón. Como nuestra familia llegó a encariñarse y preocuparse por él, nos consternaba su salvación. Cuando traté de explicarle las Escrituras, el Espíritu comenzó a mostrarme que había más sobre el mormonismo de lo que me imaginé. Apenas iniciaba un nuevo viaje en mis estudios.

Cuando nos reunimos encontré algunas diferencias en doctrinas que tuve que examinar y tratar de distinguir si eran verdad. Algunas de ellas fueron la necesidad del bautismo como un requisito para la salvación, la doctrina de la Trinidad, la continuación de una línea real de sacerdocio, así como la imposición de manos para recibir el Don del Espíritu Santo. Había muchas otras, pero aquellas fueron las principales que me vienen a la memoria. Yo hacía mis preguntas y Neil fotocopiaba capítulos de los libros Artículos de Fe y Jesús El Cristo de James Talmage. Al final de cuentas él me prestó ambos libros, argumentando la necesidad que tenemos de salvar los árboles. Tipo gracioso. Ahora tenía mas material para estudiar.

Un jueves por la tarde Neil me llamó por teléfono y me preguntó si podía invitar a algunas misioneras a venir y cuidar a mis hijos mientras hablamos, de esa manera no estaríamos tan distraídos. Estuve de acuerdo, no sabía que había una regla que decía que los misioneros no podían cuidar niños. Cuando llegué a las clases esa tarde, lo hice con una lista de preguntas. Neil por accidente mencionó que él también había invitado a un par de Elderes (eso significaba algo diferente en mi iglesia). Así, cuando las lecciones terminaron, los niños jugaban silenciosamente en el patio trasero y yo estaba sentada en la mesa de la cocina de Neil con cinco mormones, cuatro de los cuales eran misioneros. Eso me intimidaba por decir lo menos. Tenía temor que con mi interrogatorio ellos se mostraran a la defensiva, o peor aun a la ofensiva, pero los misioneros fueron siempre amables y entendieron mis motivos.
Esto continuó por cerca de tres años. Conversé con muchas parejas maravillosas de misioneros y misioneras algunas de las cuales me hice muy amiga, como las Hermanas Trachmann y Plourde. De vez en cuando Neil invitaría a algunas otras mujeres de su barrio quienes daban las charlas y me presentaron a algunas otras mujeres de la iglesia también. Una de aquellas mujeres, Vicki Lorimer, llegó más tarde a ser una cuerda salvavidas para mi.

Había veces en que yo tenía una comprensión mayor en algunas cosas que en otras. Todavía recuerdo el día que leía mi Biblia y analizaba la forma en que debemos recibir el Espíritu Santo por imposición de manos, los únicos requisitos previos que encontré fueron el arrepentimiento y el bautismo. Bien no quise que hubiera enseñanzas bíblicas que no obedeciera por lo que hallé una solución simple.

Le envié un correo electrónico a Neil y le dije que ahora entendía que tenía que recibir el Espíritu Santo por la imposición de manos. En virtud de que me había arrepentido de mis pecados y ya había sido bautizada, y como él cumplía con la autoridad para imponer sus manos le pedí que tal vez él podría confirmarme después de las lecciones de piano de esa semana. Recordando aquella sugerencia me lamento no haber visto la cara que Neil pondría cuando leyó mi correo electrónico. Neil se esforzó en explicarme por qué esto no podría ser de esa manera, pero yo no conseguía entenderlo. Sin embargo supuse que el no quería romper algunas reglas al atender mi petición y yo no quería que el tuviera problemas. Por lo tanto solamente tuve que conformarme con continuar estudiando y hallar la verdad.

Cuando todo esto empezó, yo estaba segura que tenía la razón. Fielmente pedía a mis compañeras del grupo de damas de mi antigua iglesia que oraran por “mis mormones“. Tenía la esperanza que ellos abrazarían mi fe. Eventualmente, sin embargo, comencé a pensar que había una posibilidad muy fuerte de que ellos tuvieron razón. No me atreví a comentarle a alguien de mi iglesia sobre mis dudas. Me acarrearía una enorme cantidad de problemas. Lo mas valiente que hice con mis dudas fue cambiar mis oraciones, ahora mis ruegos no eran por “mis mormones” sino que eran para tener sabiduría. Mis oraciones diarias cambiaron de: “Señor, por favor ayúdale a Neil entender la verdad” por “Padre, por favor muéstranos a los dos que es la verdad.” Comenzó a ponérseme difícil. Sentí que mis cimientos enteros se desvanecían debajo de mí y no sabía donde poner mis pies. Mi vida entera giraba alrededor de mi fe. Sentí que había iniciado un camino sin retorno. Ahora TENIA que saber cual camino era el verdadero.

Mientras tanto mis amigos comenzaron a notar mi inquietud. Algunos de ellos se preguntaban si Neil no tendría alguna influencia demasiado fuerte sobre mí. Ellos sabían que me preocupaba mucho por él y que mi matrimonio no era fácil. Les aseguré que no era así. De todos modos estaban inquietos por lo que ellos ahora consideraban mi fascinación con el mormonismo. A Brent, mi marido, también le afectó. No sobre yo y Neil, sino que él percibía que yo defendía al mormonismo en nuestras discusiones sobre lo que yo estaba aprendiendo. Cuando una tarde rechacé decirle que estaba convencida que el Mormonismo era una religión falsa él puso el grito en el cielo.

Él me dijo otra vez que no debía leer, ni estudiar, ni conversar o aún pensar sobre el Mormonismo. Me ordenó devolver todos los materiales de lectura y limitar mis conversaciones con Neil a la vida cotidiana y a las lecciones de piano. La religión no debía ser tocada. Me sentí devastada, pero obedecí. La iglesia a la que asistía me había enseñado que las mujeres debían obedecer a sus maridos en todas las cosas. Había una excepción que decía que no podían ordenarnos pecar, pero yo no estaba segura que esto cayera en esa categoría. Le devolví todo a Neil (excepto mi Libro de Mormón que oculté bajo mi colchón) y le expliqué que no podríamos hablar mas sobre religión. Neil tomó esto de buena manera y nuestras discusiones ahora giraban alrededor de las lecciones de piano. Sin embargo, no cumplí con la orden del todo bien.

Realmente estaba confundida sobre que creer. ¿Y si en verdad Dios era diferente a como me habían enseñado? ¿ Y que tal si había más Escrituras, y una línea de autoridad del sacerdocio y las bendiciones que le acompañan?… Si era así, yo no estaba obedeciendo a Dios como Él quería. Posiblemente yo aún no lo conocía en absoluto. ¿Y si les estaba enseñando a mis hijos la doctrina incorrecta? Cada decisión que tomaba era ahora sospechosa. Además, gran parte de nuestra vida cotidiana giraba en torno a las posibilidades de enseñanza que tenían mis hijos. Incluso nuestros maestros en nuestra escuela estaban saturados de enseñanza teológica. Cada parte de mi vida estaba envuelta en dudas. Empecé a desmoronarme y no sabía cuánto tiempo podría continuar en ese estado de ánimo.

Le rogué a mi marido me permitiera seguir estudiando. Le supliqué que entendiera que tenía que saber que creer.

Me dijo que el me iba a decir en qué creer. Tan sumisa como soy, por naturaleza, sabía que no iba a funcionar. Le expliqué que tenían que ser mis creencias, no las suyas, pero él no cambió su parecer. Me sentía cerca de un colapso nervioso. Se puso más furioso y más resentido conmigo porque no lograba superar este deseo de seguir estudiando. Las cosas seguían cada vez más y mas tensas en nuestra casa. Yo todavía estaba obedeciendo la orden de no estudiar o discutir cosas, pero me sentía totalmente miserable y completamente partida en pedacitos.

Eventualmente una de mis amigas, irónicamente la colega de Neil, me dijo que había ido con los lideres de mi iglesia y les dijo que estaba muy preocupada por la relación que tenía con un hombre mormón. Brent y yo fuimos convocados a la casa de uno de los ancianos para reunirnos con el y su esposa. Allí me dijeron de la preocupación de mi amiga. También me dijeron que no debería llevar mas a mis niños a sus lecciones de piano.

Brent y yo nos pusimos furiosos. Primero ellos insinuaron que había una relación impropia que todos nosotros sabíamos era falsa. Brent dijo si el como esposo no estaba preocupado por aquella amistad ellos tampoco deberían estarlo. Ellos dijeron que esa era su decisión final. Que tampoco me permitirían llevar a los niños con Neil, que no debería tener mas comunicación con él, o yo sería expulsada de coro, de la orquesta así como de mis responsabilidades de enseñanza.

Quedé devastada otra vez. ¿Por quién podría yo sustituir a Neil para que enseñara a mis hijos? No había otro profesor calificado cerca de nuestra ciudad. Esta vez me puse firme. Les dije que si ellos podían encontrar un reemplazo conveniente para la instrucción de Dillon yo cambiaría de instructor. Pero en verdad no creía que tuvieran el derecho de determinar quien debía ser amigo de la familia. Sin embargo ellos no estuvieron de acuerdo y oficialmente me expulsaron de los ministerios en la iglesia. Contestaron que incluso era una irresponsabilidad mía exponer a mis hijos regularmente a merced de un Mormón. Salí de aquella reunión enojada, me sentí completamente derrotada y desesperada. El hecho en cuestión era que yo ni siquiera estaba segura que el Mormonismo fuera verdad, pero ciertamente sentí la necesidad saberlo.

Cuando Brent y yo dejamos aquella reunión ambos estuvimos de acuerdo que los lideres de la iglesia habían sobrepasado sus límites. Ellos no tenían derecho de autorizar a nuestro profesor de piano. Pocas semanas después fuimos convocados a otra reunión. Esta vez yo debía afrontar el consejo entero de ancianos el cual consistía de aproximadamente 16 hombres, tanto profesionales como líderes. Mientras tanto, los pastores estuvieron ocupados entrevistando a mis amigas, preguntándoles si yo alguna vez les había dicho algo que pudiera ser considerado sospechoso en cuanto a mis creencias relativas al mormonismo, o sobre mi amistad con Neil. Ellos realmente no pudieron encontrar nada excepto el hecho que hablaba de él muy seguido.

Una vez ya en la reunión esta comenzó con la lectura de un versículo con el propósito de “establecer el tono”. El pasaje que eligieron fue uno relativo a la disciplina de la iglesia. Supe desde ese momento que estaba a un paso del proceso de excomunión. Me quedé pasmada. En los quince años que había servido en la iglesia, no había causado problemas. ¿Por qué estaban adoptando medidas tan drásticas?

La reunión en sí misma fue una humillación. Aquellos hombres fueron hostiles, y me trataron como alguien indigna de bondad. Cada acción inocente o palabra pronunciada era escudriñada y vista de la forma mas tendenciosa y vil posible. Me pidieron que defendiera el punto de como podía justificar el hecho de que yo permitiera que fuera un mormón el mentor de mi hijo. No les importó cuantas veces les dije, que el enseñaba clases de piano no de religión, pero ellos aun lo desaprobaban. Después me pidieron defender mi interés sobre el mormonismo. No quise ese enfrentamiento. Yo aun no estaba segura de que el Mormonismo fuera verdadero. Les expliqué que Brent me había dicho que devolviera el material y dejara de estudiarlo, y que le obedecí. De todos modos ellos no estaban satisfechos. La reunión continuó durante aproximadamente tres horas, con la conclusión que yo debía renunciar a todo lo que tuviera que ver con el Mormonismo, incluyendo las clases de piano de los niños o ellos seguirían adelante con mi proceso de excomunión. Quedé sumamente frustrada.

Siempre que trataba de hablarle a alguna amiga sobre esta situación, ellas me decían que los ancianos ya se habían puesto en contacto con ellas, y que no les permitían que hablaran de la situación conmigo. También me dijeron si quería hablar sobre el asunto, ellas debían decirme que los ancianos estaban disponibles para hablar con ellos. Me sentí atrapada.. Mientras tanto, los ancianos me llamaron a otra reunión. Yo no tenía ninguna intención de repetir lo mismo, y les dije que mi posición no había cambiado y rechazaba asistir. Brent, sin embargo, se frustró con mi inhabilidad de decir que el mormonismo era falso y decidió asistir a la reunión el solo.

En aquella reunión fue puesto en duda el liderazgo de Brent en nuestro hogar. Aún le aconsejaron que hiciera los arreglos para que yo no tomara nuestra camioneta de modo que no me fuera posible llevar a los niños a sus lecciones de piano. Ellos le dijeron, que les parecía como si el mormón Conway fuera el jefe de familia de nuestra casa. (Nota del Traductor: posiblemente se refiera a William C. Conway un ex mormón que creó su propia iglesia con ideas extravagantes mezcla del Libro de Mormón, los druidas, reencarnación etc.) Brent llegó a casa de aquella reunión más hostil que nunca y ahora estaba totalmente de acuerdo con el liderazgo de la iglesia. Yo estaba bajo una presión inmensa. Mi vida entera se deshacía y yo no estaba aún segura de que fuera por una buena razón. Brent fue a trabajar en silencio, y luego cuando vino a casa me gritó para que obedeciera a los ancianos. Cuando fui a la iglesia, no me permitieron participar en ninguno de los ministerios, y susurraban acerca de mi y me evitaban. Finalmente había llegado al limite.

Le escribí a un Obispo mormón local que se había enterado sobre mi situación y le había preguntado a Neil si había algo que él podía hacer para ayudarme. Le dije en el correo que tenía tantas preguntas y lamentaba que no pudiera hablarle sobre ellas. Yo sabía que no me lo permitirían, por lo que solamente le pedía que orara por mí para obtener sabiduría. Brent al parecer había estado examinando mis archivos de la computadora porque encontró el archivo del correo y fue terminante. Yo tenía ahora que darle mi contraseña de correo electrónico para que así él pudiera comprobar toda mi correspondencia. Tampoco me permitió tener una conversación telefónica sin que el estuviera presente. Yo me deshacía. Había días que no sentía como podría seguir. Mi hogar apenas funcionaba, arreglaba los asuntos de manera superficial, llevaba a los niños a la escuela, iba al trabajo y luego me iba a mi cama a llorar. Varias veces pensé en el suicidio

Traté de explicarle a mi marido lo desesperada y sola que me sentía. Aún le conté sobre el deseo de morir. Él me respondió diciendo que mi pecado había traído todos aquellos sentimientos sobre mi cabeza. Si yo simplemente me arrepintiera, estos se marcharían. Yo sabía que estaba completamente sola. Mi marido no me iba ayudar, mis amigas no me hablarían, y yo no estaba segura cual Dios era el verdadero, el de mi iglesia, o el de Neil.

Mi cuerda salvavidas fue una mujer que Neil me había presentado en la sala de su casa, Vicki Lorimer. Ella debió haber sentido lo desesperada que me sentía, porque me enviaba correos electrónicos diariamente para comprobar mi estado de ánimo. Como ella sabía que Brent supervisaba mis correos, a menudo ponía como “asunto” cualquier cosa para no atraer su atención. Aquellos correos electrónicos me ayudaron a saber que si había otro ser humano en algún sitio que se preocupaba por mí. No estoy segura si hubiera podido terminar aquellos días sin ellos.

Las cosas ahora se hacían tan tensas en la iglesia; comencé a ya no querer ir. No podía sobrellevarlo más. Brent siguió asistiendo y llevaba a los niños, se entrevistaba con los ancianos con regularidad tratando mi “falta de arrepentimiento”. Un miércoles por la tarde Brent llevó a los tres niños más grandes a la iglesia. Me quedé con nuestro bebé de dos años en casa el cual tenía una fiebre de 39 grados. Unos minutos después de que Brent se fue, tres ancianos (un pastor de tiempo completo y dos líderes) se aparecieron en mi puerta. Ellos estaban allí para darme una última oportunidad de arrepentirme

Así que tratando de consolar a mi niño enfermo, pasé las dos siguientes horas otra vez defendiendo mi deseo de estudiar el mormonismo. Me di cuenta durante toda la tarde, para mi sorpresa, que cada vez que trataban la “herejía” mormona, tenía una respuesta de por qué esta podría ser una doctrina verdadera. Fui honesta con ellos que yo no estaba totalmente segura que era verdadera, sin embrago realmente sentía que tenía el derecho de entender eso por mi misma. Ellos enérgicamente mostraron su desacuerdo, realmente no podían entender mi negativa a obedecerles. Me entregaron una carta en la que me decían que tenía hasta el martes siguiente para arrepentirme y presentarme en la junta de ancianos en la cual debía admitir que el mormonismo era una religión falsa o iniciarían el proceso para mi excomunión.

Yo realmente no sabía qué hacer. No estaba de acuerdo con lo que me estaban pidiendo. Una tarde, mientras que Brent estaba en el trabajo, Vicky me llamó y me explicó sobre el “injusto dominio”. Ella me ayudó a entender que no sería un pecado para mí el desobedecer a Brent e investigar lo que creía. Yo sabía que no podía continuar en el estado en que estaba por mas tiempo sin tener un ataque de nervios, así que tomé a una decisión.

Le anuncié a Brent una tarde de domingo, que si yo iba a tener problemas por culpa del mormonismo de todos modos, también podría estudiarlo y averiguar si era cierto.

Continuara….

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  1. 1

    Uff… que iglesia sería??? Increíble… pero seguro habrán miles de historias similares…

    Está buenísima… ya quiero leer la siguiente parte…

  2. 2

    La tercera parte es la mas interesante de todas. Por cierto esta hermana tiene una cuanta en Facebook y en ella subió las fotos del día de su bautismo asi como otras como cuando fue el Templo a recibir su investidura. También tiene un blog donde escribió originalmente esta historia antes de ser publicada en Meridian Magazine.

    1. 2.1

      Buuu… no se vale contar en final!!!!!!!!!!!!!! :sick:

  3. 3

    ya parece una novela! ya quiero leer la siguiente parte……

  4. 4

    WOW!!! quiero más!!! y si pueden postear la liga de los archivos originales su blog y FB estari agradecido. anyway la historia es maravillosa

  5. 5

    no me parece extraño el comportamiento de estas personas,hablo de los evangelicos lo se porque en la familia de mi esposa los ahi y al principio eran muy reticentes con lo mormon ahora son mas livianos,pero puedo entender la postura de los lideres de esta iglesia,lo que no puedo es entender como este hombre ,el esposo se deje influenciar por lo que digan otras personas,y para luego maltratar psicologicamente a su mujer,menudo miserable..

  6. 6

    Buenisima historia, quiero mas 😀

  7. 7

    y?? y???…. está wena la historia!!!!

  8. 8

    jajaja eso que :S parese una historia de terror o algo asi, que asco que existan iglesias que actuen de esa forma i aparte que las personas crean que eslo correcto, una delas cosas que me gusta de la iglesia mormona, (porque soi mormon) es qu enos dan la libertad de escojer loque nosotros queramos

    i esaa si que es la onda

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