Hace tiempo quería escribir respecto a algunas cosas que he estado observando el ultimo tiempo. Se han mezclado nuevos conocimientos que estoy adquiriendo, observaciones que hago y un par de interesantes ensayos, me gustaría compartir con ustedes mis observaciones.
Primero que nada he vuelto a la Universidad un rato para hacer unos cursos de recursos humanos. Una de las cosas que me han enseñado ha sido acerca de los modelos psicológicos de la personalidad de las personas. Uno de los modelos (hay muchos por cierto) habla que las personas pueden ser identificadas por sus actitudes (personas introvertidas o extrovertidas), como perciben la información del medio (Sensoriales o Intuitivos), como es que prefieren tomar decisiones (Racionales vs Emocionales) y su estilo de vida (calificadores/juzgadores o perceptivos). Básicamente el modelo MBTI indica que las personas pueden ser, en base a sus preferencias en estos cuatro cuadrantes, identificadas de entre 16 tipos de personalidades. Lo interesante fue estudiar como cada personalidad se comporta y cuales son sus preferencias básicas sociales, laborales o relacionales y por cierto, las cosas que no comparten o no entienden de los otros tipos de personas o situaciones ya que para ellos “no son lógicas o racionales”.
El tema es darme cuenta que la orientación que nosotros tenemos, las cosas que valoramos y las que consideramos no importantes, no son realmente fijos absolutos como uno generalmente cree, si no que dependen directamente de nuestras propias preferencias personales. En la Iglesia (y la verdad en toda otra actividad) estamos acostumbrados (lamentablemente) a juzgar los comportamientos, creencias o actitudes de otras personas no bajo su perfil de preferencias, si no bajo nuestro propio perfil. Creemos ser dueños absolutos de la verdad y el entendimiento cuando esto solo es debido a que nacimos (o adquirimos) un cierto grupo de preferencias intrínsecas nuestras. Es por eso que en vez de señalar que el “problema” respecto al entendimiento del evangelio esta en el otro (por ejemplo, los conservadores que no entienden por que los liberales piensan de esa manera y eso es su “problema”, o viceversa), se trata no de ti, si no que yo soy el del “problema”, entendiendo que no se trata de un problema, es simplemente que yo pienso diferente.
La diferencia entre Joseph Fielding Smith y James E. Talmage no es que uno tuviese mas “fe” o mas “conocimiento” que el otro, fue simplemente por que uno veía el evangelio de una manera basado en sus preferencias intrínsecas de su personalidad y el otro sentía o vivía de forma diferente. Posiblemente esto pueda ayudar a entender que “nuestra verdad” solo forma parte de un gran conjunto de ellas, en forma muy literal.
Simplificando mucho el tema estuve leyendo un ensayo de 1967 llamado “Que es lo que significa la Iglesia para gente como yo” escrito por el historiador y profesor de BYU Richard D. Poll en el cual el utiliza una metáfora para distinguir a dos tipos principales de miembros de la Iglesia: Los miembros tipo “Barra de Hierro” y los miembros tipo “Liahona”. Por cierto, su ensayo fue un discurso de sacramental (yep, pedazo de mensaje) que fue posteriormente publicado y reproducido en al menos 1500 revistas y diarios distintos, aunque por cierto, también es criticado hasta el día de hoy, incluyendo una fuerte critica en contra proveniente de Harold B. Lee en plena conferencia general.
En el ensayo Poll plantea que hay dos tipos de “activos y dedicados santos de los últimos días”. Poll dice que “No hablo de buenos y malos mormones, hablo de miembros de la Iglesia profundamente comprometidos con el evangelio pero también propensos a las dudas respecto a la legitimidad, idoneidad y compromiso de la otra.
Los símbolos son dos: La Barra de Hierro, a saber la palabra de Dios y que simboliza a un tipo de persona que se toma a la barra y a la cual cada paso del camino hacia el árbol de la vida ha sido definido claramente y que solo debe aferrarse firmemente para avanzar. En el sueño de Lehi no era un camino facil, pero estaba bien definido.
El otro símbolo es la Liahona, la cual en contraste era una brújula. La liahona señala cual es el destino pero no marca completamente el camino y de hecho la claridad de su orientación varia según las circunstancias del usuario. Para la familia de Lehi la Liahona fue un recordatorio de sus metas temporales y eternas, pero no era un delineador infalible de su ruta.
El Santo barra de hierro no busca por preguntas, si no por respuestas, y en el evangelio, según como el lo entiende, el encuentra o se siente confiando de que puede encontrar la respuesta a todas las preguntas importantes. Por su lado el Santo Liahona esta mas preocupado por las preguntas y se siente escéptico de las respuestas; El considera que el evangelio, según como el lo entiende, da respuesta suficiente a las preguntas importantes como para poder tener un propósito sin la necesidad de tener las respuestas completas para todo el resto.”
Poll comenta un poco respecto a que el ser liahona o barra puede tener que ver con temas de la pre existencia (algo de moda en aquellos años) pero que su opinión final era que “la identificación de una persona con las barras de hierro o con las liahonas es mas una función de temperamento básico” (o como decía yo, preferencias de personalidad) “o de experiencias de vida antes que logros premortales o elecciones en esta vida, pero esta esta opinión, como muchos otros puntos de vista expresados en este sermón, no tienen una validación científica o en las escrituras”
Poll también reconoce que “Un punto a destacar en cuanto a nuestro objetivo de “unidad de la fe” es que los barras de hierro y los Liahona tienen grandes dificultades para entenderse unos con otros, no en el nivel de aceptación del derecho a la convivencia pacífica, sino que al nivel de la comunión personal, de la empatia. Para el Barra de Hierro la actitud de cuestionamiento sugiere una fe imperfecta, para un Liahona un espíritu sin cuestionamientos es garantía de una mente cerrada. Ni su frecuente asociación ni aun una participación personal anterior en el otro grupo garantiza una empatía. De hecho, una persona que ha cruzado la línea de un lado al otro es probable que sea menos comprensivo y tolerante hacia sus antiguos espíritus afines.”
Poll hace un gran descubrimiento 45 años antes que yo: El problema no eres tu, soy yo. No es el problema que tu creas de esa manera, es que yo lo siento el evangelio de una manera diferente.
El ensayo continua explorando las diferencias de actitud respecto a las escrituras, a las preguntas y a las respuestas de uno y otro tipo, aunque lo que les he traducido posiblemente sea un buen resumen de sus ideas, sin embargo con lo que quiero terminar es citando a Poll cuando vuelve a señalar que “liahonas y barras tienen algunas dificultades para entenderse. Cuando carecemos de la paciencia, sabiduría, amplitud de experiencia o el profundo compromiso de las autoridades generales, a veces criticamos y juzgamos a los demás. Pero usualmente vivimos y dejamos vivir, cada uno encontrando en la Iglesia aquellas cosas que suplen sus necesidades y todos compartiendo las bendiciones del evangelio que no dependen de la identidad o tipo de nuestros propios testimonios.”
Al final, un tema que posiblemente tenga que ver mas con nuestras propias características o preferencias de personalidad, antes de que sea por que comprendo “mejor” el evangelio o fui mas buenito en la vida premortal, es decir, un tema que tiene que ver mas con nosotros mismos antes que con los otros, aunque generalmente igual terminamos defendiendo nuestra posición por creer que es la única certera, verdadera y viviente de toda la tierra.
Asi que ya, fuera de parodias de liberales, conservadores o talibanes, en realidad el gran punto es adquirir la madurez, paciencia o conocimiento de que todas estas distintas formas de vivir el evangelio no tienen que ver con que uno tenga un mayor o menor comprensión del evangelio, se trata mas que nada que uno vive o entiende el evangelio simplemente de la forma que le parece mejor o mas cómoda casi únicamente no desde términos divinos o superiores sino que al final, simplemente desde nuestras propias y especiales preferencias psicológicas.
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