Stephen L Richards.
Conferencia General, Abril 1932
Quisiera yo decir algo para promover un mejor entendimiento en la Iglesia. Al hacer esto, mi mayor temor es que yo pueda ser mal entendido. Nunca antes he sentido una mayor necesidad por la ayuda del Espíritu de Nuestro Padre y la fe y simpatía de mis hermanos y hermanas. Ruego con que yo pueda tenerlos.
Como prefacio de las cosas específicas que quiero mencionar, es mi deseo explicar algunos principios fundamentales así como los concibo.
Yo interpreto el evangelio en términos de vida. Fue traído a la humanidad; es nuestro deber llevar a la humanidad al evangelio. Elección, no compulsión es el genio de la filosofía Cristiana. Ridículo y ostracismo frecuentemente llevan a la compulsión. Yo deploro su existencia. Tengo miedo del dogmatismo arrogante. Es una tiranía culpable de mayores estragos sobre la humanidad que el déspota que gobierna varios reinos. Tengo lastima por el desobediente, pero no odio. Ellos de privan a sí mismos de bendiciones. El desobediente se castiga a sí mismo.
Yo creo que la dignidad de la Iglesia debería ser mantenida, y que la pureza de las verdades del evangelio preservadas sin dilución. Pero el hombre, después de todo, es el objeto del trabajo de Dios. “Esta es mi obra y mi gloria, llevar a la inmortalidad y la vida eterna al hombre” La Iglesia es la agencia establecida por Dios para este alto propósito.
Transgresiones que implican desviaciones morales son atroces a la vista de Dios. Estas transgresiones son pecaminosas e involucran las relaciones fundamentales entre Dios y el hombre y entre el hombre y sus compañeros. Los diez mandamientos son una relación completa de los principales pecados. Son la base de la verdadera moralidad – a pesar del modernista en sentido contrario. Ellos no están abrogados por el espíritu de Jesús. “Yo no he venido a destruir la ley”. Esta fue extendida y aplicada en un nuevo espíritu, el amable, misericordioso espíritu del Salvador. Aun algunos de los mayores pecados fueron perdonados por El. “Ve y no peques más” fue su suave reprimenda. La doctrina del arrepentimiento instituida con la garantía y el proceso limpiador del bautismo fue el epítome de este nuevo Evangelio. “Arrepentíos y sed bautizados” era el grito de los primeros discípulos de Cristo. La promesa de un nuevo evangelio era una vida abundante – mayor alegría, mayor amistad, relaciones más finas, paz en la tierra y vida eterna en los cielos.
Cuando el evangelio fue restaurado en esta época todas las cosas buenas y la misericordia de Cristo fue restaurada. La biblia fue aceptada, los diez mandamientos aun eran la ley, pero fue limpiada y reforzada en el espíritu de Jesús, y no en el rígido, implacable, inmisericorde espíritu de aquellos que crucificaron al Salvador. Los poderes del Sacerdocio fueron restaurados, pero con una constitución que define la naturaleza y procedimiento de su divina autoridad de forma tan explícita, tan gentil y misericordiosa, y tan hermosa como si estuviera firmada con la inconfundible firma del Salvador mismo. La esencia de la nueva constitución del Sacerdocio, así como de todo el evangelio restaurado, fue y es la elección sin coerción, persuasión no compulsión, no injusto dominio, solo paciencia, la mansedumbre, bondad y el amor no fingido (sin “estimado hermano”).
Junto al evangelio restaurado vino también un nuevo y más amplio conocimiento y concepción acerca de Dios y el hombre. Una nueva filosofía de la vida surgió. El lugar del hombre en el universo, el comienzo, fin, y propósito de su existencia, fueron mejor entendidas. Algunas leyes nuevas fueron dadas, nuevas ordenanzas y nuevos mandamientos – no nuevos en el sentido de que ellos nunca habían existido antes, si no que nuevos al conocimiento de la gente.
Las revelaciones de Dios que restauraron el evangelio e insuflaron nueva vida y vitalidad en el eran excepcionalmente sencillas y claras, mucho más libres de la ambigüedad y la incertidumbre que entonces estaban en las revelaciones de la biblia hablando en forma general. No obstante, las revelaciones de la nueva dispensación, así como aquellas de la biblia, fueron en el principio y son ahora interpretadas por hombres, y los hombres interpretan a la luz de su experiencia y entendimiento. Un profeta puede recibir y entregar la palabra expresa de Dios en la manera precisa en la que Dios ha elegido expresarse el mismo, pero la aplicación de la palabra de Dios en las vidas de los hombres es dependiente de la sabiduría de los hombres. El Espíritu de Dios influenciara el juicio de un buen hombre y aumentará su sabiduría pero aun la más fina sabiduría del hombre debe ser distinguida de la palabra de Dios. una puede fallar, la otra nunca.
No hay ningún hombre vivo o ha vivido cuyo juicio sea perfecto y no esté sujeto al error. El aceptar la doctrina de la inefabilidad humana es tener una grosera ignorancia del plan divino de la vida humana -la caída, la probación mortal, el arrepentimiento y la elección final. No podría haber elección si hay un conocimiento perfecto, omnisciencia. Nosotros caminamos por la fe en la mortalidad y por fe nosotros ejercemos nuestro albedrío.
La iglesia cree en la nueva y continua revelación y siempre se mantiene a si misma lista para recibir mensajes del Señor. Para esto la gente sostiene al Presidente de la Iglesia en particular y a otros como autoridades generales, como medios por medio de los cuales la palabra de Dios puede ser entregada. Una revelación para nuestro presidente viviente podría ser tan fácilmente aceptada y llegar a ser una parte de nuestras escrituras así como las revelaciones dadas al Profeta Jose.
En la ausencia de comunicaciones directas desde el cielo, de cualquier manera, la Iglesia y su gente debe ser guiada por las revelaciones ya dadas y por la sabiduría y la inspiración de sus líderes. Tengo una gran confianza en la sabiduría de las autoridades que presiden en todos los departamentos del servicio de la Iglesia, primero porque ellos sostiene el Santo Sacerdocio, y segundo, debido a que yo sé que son buenos hombres. Hay virtud en la investidura del sacerdocio. Esta da a los hombres que lo reciben y lo aprecian una mayor concepción de la vida y un altruismo que es como Cristo en carácter. Entrega conocimiento y poder espiritual, y el juicio de un oficial presidente que sostiene el sacerdocio es generalmente un juicio inspirado. Este es el producto de un noble motivo y de una ferviente oración.
En materias del gobierno y la disciplina en la iglesia, el juicio de los oficiales presidentes es obligatorio y controlatorio. En materias de orientación individual a los miembros su consejo es solo de dirección y persuasivo. En la interpretación de las escrituras y doctrinas, ellos son dependientes de su conocimiento, experiencia e inspiración.
Hago este franco reconocimiento de mi propio entendimiento personal de estos principios fundamentales como una premisa para ciertas observaciones y conclusiones que deseo presentar.
Primero, sostengo que es completamente compatible con el genio [o ideas] de la Iglesia el cambiar sus procedimientos e interpretaciones así como hay cambios en el pensamiento, educación y entorno de la gente de tiempo en tiempo y que parecen justificar [estos cambios], siempre que, claro está, no ataquen los conceptos elementales de verdad que se encuentran en la base de nuestro trabajo. Yo no descartaría una práctica meramente debido a que es vieja. De hecho, creo que una de las pruebas de su valor es el test del tiempo. Pero por otro lado, no me gustaría estar aferrado a una práctica o concepción después de que ha pasado ya su utilidad en un mundo nuevo, siempre cambiante y mejor informado
Viejas concepciones e interpretaciones tradicionales deben ser influenciados por recientemente descubiertas evidencias. No al último hecho o cambio en la ley, pero nuestro entendimiento varía con nuestra educación y experiencia. Un hombre ve el significado de una escritura tan claramente y definitiva que el exclama con desprecio la posición de un contendiente, “¿Cómo?, si es tan claro como la nariz de tu cara”, y el otro replica “es una tontería y un desatino” (y estas comenzando tu camino a la apostasía, admin agregaría). Ambos son sinceros, pero quien está en lo correcto?. Cuál es la posición que toma la Iglesia?. Generalmente, yo creo, la Iglesia no toma una posición oficial y no debe hacerlo, en la gran mayoría de los temas de debate. Los hombres tienen el permiso para sostener posiciones individuales y para expresarlos con libertad siempre y cuando no sean sediciosos a las doctrinas básicas, prácticas y organización de la Iglesia. Cuando un hombre pierde su respeto por la Iglesia, por supuesto, ya no tiene el derecho de emplazar o influenciar a la Iglesia.
Yo creo que una proposición generalmente aceptada en nuestra Iglesia es que los derechos de ningún hombre puede verse afectado por las posiciones que él pueda honestamente sostener en referencia al comienzo de la vida en la tierra o la organización del universo (nota del traductor: se refería a la teoría de la evolución y el bigbang, teorías altamente debatidas en los años 30 y rechazadas por muchos religiosos, tanto dentro como fuera de la iglesia), o los procesos empleados en la realización de los milagros de la biblia. Personalmente, yo encuentro más paz de mente y comodidad en lo que puede ser visto como una más bien floja disposición para tratar de no explicar aquellas cosas que parecen ser materias inexplicables. Pero si alguien sostiene posiciones y obtiene satisfacción de estas, yo digo que se les deje tenerlas, y por mi lado yo no abusaría de ellos por esto.
Yo si pienso, en todo caso, que para una persona que tenga real afecto por la iglesia y preocupación por sus miembros nunca va a instar por posiciones que puedan tender a socavar la fe de sus miembros, particularmente de los jóvenes, en los temas fundamentales. Me arrepiento profundamente de que existan, en alguna de nuestras escuelas, profesores y maestros que toman ventaja de sus posiciones para proyectar sus teorías sobre las jóvenes, inmaduras mentes, en total desprecio de los efectos sobre la fe religiosa de estos estudiantes, y en algunos caso yo temo que con maligna intención de destruirla. Los contribuidores de impuestos y los directores de las instituciones públicas tienen una justa causa de reclamar por estas instancias, siendo que sin ser la función de las escuelas públicas de enseñar religión, de seguro no tienen la autorización para asesinarla.
Otro aspecto del cambiante proceso que es necesario para ir adelante en una institución viva y vital como lo es la Iglesia, se refiere a la modificación de las formas y procedimientos. Soy afortunado de decir que nosotros no tenemos un gran conjunto de formas y rituales. La gran elasticidad de las oraciones, ceremonias y procedimientos es para mí evidencia adicional de la adaptabilidad de nuestra religión a las necesidades humanas, y por tanto de su divinidad. Algunos cambios importantes han sido hechos en los últimos años (1934). En algunas instancias estos han sido considerados perturbadores para algunos miembros de la Iglesia. Estoy seguro que la preocupación y la alarma que se ha creado ha sido injustificado. Los críticos han errado al no recordar que los elementos que han sido modificados fueron originalmente interpretados y adaptados por buenos hombres ocupando las mismas posiciones eclesiásticas e investidos con el mismo poder que tienen los buenos hombres que ahora ocupan esas posiciones. Personalmente, yo apruebo mucho los cambios que han sido hechos, y espero y creo que la autoridad que preside dirigirá otros cambios en varias líneas que harán avanzar la causa que representamos. No tengo miedo del cambio: es la madre del crecimiento.
Pero aún más importante que el cambio en la concepción, formas y procedimientos en nuestra iglesia como es en cualquier sociedad, el cambio de actitud. Como debemos sentirnos acerca de estas cosas? Tener más educación, más conocimiento y experiencias más amplias ensanchan nuestras simpatías o las contraen?.
En aplicación a esta pregunta, quisiera mencionar algunas delicadas materias. Las llamo delicadas debido a que corro un gran riesgo de ser mal entendido cuando los discuto. Tomemos por ejemplo el fumar. Hay más o menos tolerancia al uso del tabaco por la iglesia, así como es representado por sus líderes y fiel membresía, que la que había hace 25 o 50 años atrás?. Yo no puedo decirlo. No tengo manera de saberlo. Nosotros pensamos que es malo y hemos hablado fuertemente contra esto. Los hombres a menudo interpretan que la Palabra de Sabiduría como un mandamiento contra esto e invierten en la práctica del fumar con el estigma de un pecado. Yo creo que mi propia predica contra el fumar puede ser entendida de esta manera. Estoy yo en lo correcto? Estamos todos en lo correcto?, No han algunos de nuestra gente errado al distinguir entre la ofensa y el ofensor?.
Yo no quiero decir que yo dude de la sabiduría de la Palabra de Sabiduría. Sé que esta contiene los deseos y dirección de Dios para el cuidado de Sus hijos, y estoy seguro que aquellos que fallan en prestar atención a las enseñanzas de esto perderán bendiciones de gran valor, pero yo no estoy seguro de que no hayamos distanciado a muchos de la Iglesia o al menos contribuido a su alejamiento por atribuir a la violación de nuestro estándar de salud, perjudicial como este puede ser, una connotación de bajeza moral y pecaminosa magnitud fuera de proporción con la real gravedad de la ofensa. Quizás yo estoy equivocado, no declaro que mi análisis sea el correcto, pero yo creo que vale la pena obtener su atención.
Estoy seguro que muchos jóvenes se sienten a sí mismos rechazados de la Iglesia en razón al énfasis y lo que parece ser una intolerante actitud de algunos de nosotros que han mostrado al usuario, no al uso, del tabaco. Yo creo que hay alguna gente buena en la Iglesia para quienes el uso del tabaco es tan repugnante y que por eso están tan ofendidos por aquellos que lo usan que pueden realmente desarrollar un sentimiento parecido al odio hacia el fumador. Este estado mental, en mi forma de pensar es deplorable y peligroso – peligroso para el individuo que alberga estos pensamientos debido a que tiene a hacerlo intolerante y fanático, peligroso para el infortunado que sucumbe a una mala práctica la cual instintivamente crea resistencia en el hombre que no le gusta, y peligroso para la iglesia debido a que esta gente se caracteriza con una reputación de intolerancia dogmática que debilita la influencia de la iglesia con sus miembros y en el mundo.
En menor grado la misma actitud es manifestada hacia aquellos que usan te, café y otros brebajes dañinos y hacia aquellos que juegan cartas, pool, billar y algunos otros juegos que han contribuido a malas asociaciones y practicas indeseables. De corazón apruebo el consejo que por largo tiempo ha sido dado por la iglesia respecto a estas materias. Yo creo que esto ha sido ampliamente probado por una larga experiencia. Pero no estoy seguro de acuerdo con la actitud mental y el tratamiento de estos temas que hemos tenido en algunas ocasiones manifestada en la Iglesia. Yo creo que estos temas han sido revestidos no infrecuentemente con una idea de un carácter de decadencia moral el cual ha sido responsable de sentimientos irritados, relaciones tensas y desagradables y una falta de respeto por la autoridad eclesiástica. Esta falta de respeto ha sido la causa subyacente de muchas caídas espirituales, porque nadie puede mantener un verdadero espíritu de Santo del Día Último sin un saludable respeto para con nuestros líderes.
Es difícil para muchos el entender como una diversión tan aparentemente inocente como parecen ser un juego de cartas o una partida de billar, pueden tomar el aspecto de transgresiones morales simplemente por un pronunciamiento iglesia. De hecho, muchos no aceptan tal doctrina, con el resultado de que para ellos todo pronunciamiento de la Iglesia está en desuso, y así ellos se encuentran a sí mismos fuera de armonía con la Iglesia y con su liderazgo. Cuando ellos llegan a esa conclusión, su actividad en la iglesia es afectada inmediatamente y su fe comienza a disminuir.
Quizás estoy exagerando. Es difícil para mí llegar a los hechos. He encontrado que la gente se expresa a si mismo más libremente entre ellos que a sus líderes. Yo estoy seguro, de todas formas, que hay suficiente verdad en esto para que lo tomemos en consideración.
Ahora alguien puede naturalmente preguntar “Y que vas a hacer respecto a esto?. Si la situación es así como lo está representando, debería abandonar la campaña contra el fumar cigarros, beber te o café y saltarse el consejo en contra de jugar naipes, pool o billar?. Mi respuesta es “No, ciertamente no”. La iglesia está muy muy interesada en la salvación temporal de sus miembros como para dejar pasar estos temas. Pero me gustaría proteger la campaña y el consejo con salvaguardias que yo pienso a menudo han fallado.
Me gustaría que la iglesia continuara diciendo a sus jóvenes: “Chicos y chicas, no fumen. Si ustedes lo hacen harán un gran daño a sí mismo. Sus cuerpos son tabernáculos de sus espíritus. No pueden ustedes tomar un veneno dentro de sus cuerpos a sabiendas de que lo debilitan y haciendo afrenta a su Dios, el cual es el padre de sus espíritus. Así que se harán daño a ustedes mismos tanto física como espiritualmente. Dañan sus posibilidades de tener éxito en la vida. Comenten un error económico. Gastan en algo que es más malo que útil. Debilitan su fibra moral y disminuyen su poder de resistencia. Se transforman en esclavos de un habito, no son libres. Ponen en riesgo sus mejores y más seguros compañeros. Entristecen a sus padres, a quienes deben su vida y oportunidades. Son desagradecidos. Se ponen a sí mismos fuera de armonía y del consejo de aquellos que les aman más – sus padres, su iglesia y sus líderes.
Estas cosas ustedes hacen cuando fuman. Pero, queridos jóvenes, no piensen que su iglesia les negaran. Su iglesia simpatiza con ustedes en su debilidad. Reconoce el coraje y la resistencia que ustedes requieren para suportar las tremendas tentaciones a las cuales están sujetos – la apariencia brillante y seductora de la publicidad, la universalidad de su práctica, al ridículo que deben soportar al enfrentarse casi solos. Su iglesia les entiende, chicos y chicas, y quiere poder ayudarles. Les invita a venir a su escuela dominical, a sus mutuales, a su sacramental y a otras reuniones, para tomar parte en sus actividades y compartir en su espíritu. No se queden fuera debido a que sus dedos estén manchados (se refiere a manchadas por tabaco) o su aliento huela. Ustedes aún pueden disfrutar la hermandad en la Iglesia. Se han privado a sí mismos de algunas bendiciones personales, pero aun las pueden recuperar y cuando ustedes lo hagan serán de hecho felices. Todos necesitamos arrepentirnos de alguna cosa y podemos ayudarnos unos a otros. Recuerden que siempre habrá una bienvenida para ustedes.”
Me gustaría decir algo comparable a aquellos que han sucumbido al habito del té y el café, y para los más viejos me gustaría agregar: “Hermanos y hermanas, sean cuidadoso de su ejemplo. Recuerden que algún niño o niña esta observándote. Sus acciones pueden ser el punto de quiebre en la resistencia de la juventud. Algún día en esta vida o en la vida venidera él podría venir a ti con palabras como estas “Podría haber logrado grandes cosas en la vida. Tenía grandes ambiciones, mis intenciones eran buenas, pero te observe, te seguí y tú me llevaste por un mal camino”. Un reproche como este no sería placentero. Confió en que no le ocurrirá a muchos.
Aun a aquellos que ya están maduros en lamentables hábitos quisiera extender simpatía, profunda simpatía, y pocos son aquellos que no necesitan arrepentimiento o perdón por algún acto hecho por omisión o comisión.
Para el jugador de naipes, de pool o de billar, no podemos entonces decirles? “Queridos amigos, el tiempo es precioso. Las cosas de la vida están hechas de eso. No lo desperdicies. La Iglesia te necesita, el mundo necesita tu habilidad. No desperdicies tus esfuerzos. Necesitas diversión, necesitas recreación, para aumentar el placer de vivir y para recuperar tu fuerza. Permite a tus diversiones ser saludables, no agotando tus fuerzas sino que renovándolas, no esclavizándote a un habito o pasatiempo poco rentable, sino que liberando tus poderes para actividades dignas. Tengan cuidado de los naipes. Por si mismos pueden ser un inocente medio de diversión, pero a menudo se abusa de ellos y son pervertidos en apuestas y en una obsesión que despilfarra el tiempo y la energía. Ustedes pueden pensar que serán moderados, pero puede que no. Sean cuidadosos. Por supuesto, no puedes haber cometido pecado por jugar naipes o un juego de billar, o más que si practicaras un juego de golf o de basquetbol. Usted sabe cuándo están haciendo lo incorrecto al apostar o gastar tiempo. Uno es su propio juez”. La Iglesia no tiene disciplina o castigo para un jugador de naipes como esto. La Iglesia solo entrega una advertencia, basada en una larga observación, de que la practica está acompañada de peligro. No va más allá de eso. Ni la membresía es afectada ni la dignidad negada.
Ahora, algunos pueden ver la posición que yo he tomado como una indebida liberalidad, una retractación de las normas establecidas desde hace tiempo, y una rebaja de nuestros estándares. No tengo ninguna intención de bajar los estándares, solo quiero tener un mejor entendimiento. Cuanta más simpatía y ayuda mutua, mayor será el verdadero espíritu del Evangelio que tengamos, y más nos acercaremos a la actitud del Maestro Jesús que en su ministerio perdono a transgresores aun de los mayores pecados – las mentiras y la falta de castidad. ¿Seremos nosotros intolerantes de aquellos culpables de infracciones a nuestro consejo?.
Quisiera que continuemos en dar énfasis en una buena, sana y limpia forma de vivir, pero no de una manera que oscurezca el objetivo primario de nuestro trabajo, el cual es abrir las puertas del reino celestial a los hijos de nuestro Padre. Nosotros no sabemos cuántos podrán entrar. Esperamos que sean todos. Por mi parte mi deseo es negar la entrada a nadie por debilidades de la carne si el espíritu está dispuesto. Sin embargo yo no creo en indulgencias. Creo que el nuevo y sempiterno convenio es inclusivo de todas las leyes del evangelio y que ninguno puede quebrarlo con impunidad. Todo aquel que haga algo malo en cualquier grado perderá una bendición. Pero Dios es nuestro juez y así como yo espero misericordia, yo quiero darla.
He estado lleno de temor cuando he entregado estas palabras, temiendo de que pudiera ser mal entendido, pero mi resolución ha sido fortalecida por mi convicción de que mi corazón y propósito era correcto. Yo creo que no necesito explicar más mi lealtad y amor por esta causa a los hermanos y hermanas aquí presentes. He dado mi humilde testimonio a toda la Iglesia durante muchos años. Yo creo que ustedes saben que yo sé que este es el trabajo de Dios y que Jose Smith es su profeta y que el sacerdocio gobernante es ahora sostenido por sus dignos sucesores.
He dicho todas estas cosas debido a que temo del dictatorial dogmatismo, rigidez de procedimiento e intolerancia aún más de lo que temo de los cigarrillos, naipes y otras cosas que el adversario podría usar para anular la fe y matar la religión. El fanatismo y la intolerancia han sido enemigos mortales de la religión verdadera en el pasado. Lo han hecho prohibiendo, silenciando en las frías y grises paredes de los monasterios y conventos, fuera de la luz del sol y de la fragancia del mundo en crecimiento. Se han vestido de negro y después de blanco, cuando la verdad no es ni blanco o negro, al igual que la vida es más que blanco y negro, la religión es abundante de vida, que brilla intensamente de vida, con todas sus sombras, colores y matices, así como los hijos de los hombres reflejan en los patrones de su vida el resplandor del Espíritu Santo en diversos grados.
Ruego para que los hombres puedan entender a Dios y a la Iglesia, y ruego para que la Iglesia pueda entender a los hombres y la naturaleza humana. Con tales entendimientos veremos que tendremos amor y simpatía. Verdad y amor salvaran el mundo. Podamos tener siempre nuestra porción de ellos. Imploro humildemente en el nombre de Jesucristo, amen.
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