Nuevamente: Esta es la enseñanza respecto a este tema que aparece en el Manual del Matrimonio Celestial publicado en 2003, y que esta complemente en linea y aclara mucho lo que aparece en la Proclamación respecto a la responsabilidades de padre y madre.
Dada la controversia que genero en el articulo anterior lo publico, como “ayuda memoria”. El texto es muy interesante, pero por supuesto no lo estoy publicando diciendo “hey!, esta es la norma” ni estoy diciendo que estoy 100% de acuerdo o en desacuerdo con lo publicado. Simplemente estoy publicando la enseñanza que se podría decir mas oficial del tema, haciendo la observación de que a simple vista, como que “en el mundo de hoy” en general esta enseñanza no se sigue mucho. De todas formas es un tema personal y tengo excelentes ejemplos de familias en la Iglesia en que ambos cónyuges trabajan y otros que no, pero eso a mi ni me va ni me viene, simplemente estaba poniendo la enseñanza de la Iglesia, allí vera cada uno como se aplica a si mismo.
MADRES QUE TRABAJAN FUERA DEL HOGAR – ENSEÑANZAS SELECCIONADAS
Es casi imposible ser una ama de casa todo el día y al mismo tiempo trabajar fuera de la casa jornadas enteras.
Presidente Gordon B. Hinckley
Presidente Spencer W. Kimball
“Se espera que el marido mantenga a la familia y sólo en caso de emergencia debe la esposa salir a buscar empleo fuera del hogar. A ella le corresponde estar en el hogar para que éste se convierta en un agradable refugio.
“Muchos divorcios comienzan a germinar en el momento exacto en que la esposa sale del hogar y entra al mundo del empleo. Dos ingresos elevan la calidad de vida por encima de la norma. Cuando los dos cónyuges tienen empleo, la vida plena y adecuada de la familia se ve interrumpida, las oraciones familiares pasan a ser irregulares y se genera una independencia que va en contra de la cooperación, causando distorsiones, poniendo límites a la familia y frustrando a los hijos que ya han nacido… “
…Les suplico a quienes pueden y deben estar criando una familia: Esposas, dejen de lado la máquina de escribir, la lavandería, la guardería, la fábrica, la cafetería, y regresen al hogar.
“No existe profesión que sea remotamente tan importante como la de esposa, ama de casa, madre, con sus responsabilidades tales como cocinar, lavar los platos y tender las camas de los preciados hijos y del marido. “Esposas, regresen al hogar, regresen a sus maridos.
Hagan del hogar un refugio para ellos. Regresen, esposas, a sus hijos, tanto los nacidos como los que están por nacer. Vístanse con el manto de la maternidad y, sin avergonzarse, ayuden en la función primordial de crear cuerpos para las almas inmortales que con anhelo están a la espera.
“Una vez que hayan complementado plenamente a sus esposos en la vida del hogar y que hayan dado a luz hijos que crecen en completa fe, integridad, responsabilidad y bondad, habrán logrado el máximo éxito, el que no tiene comparación, el que es digno de envidia por todo el tiempo y la eternidad” (discurso pronunciado en una charla fogonera en San Antonio, Texas, págs. 27, 32–33).
“¿Qué creen que piensa el Señor de las personas que prefieren tener pianos, televisores, muebles o autos en lugar de hijos de carne y hueso, y no es ese el caso cuando la gente se da esos lujos y dice que el dinero no le alcanza para tener hijos?” (Teachings of Spencer W. Kimball, pág. 329). “
Hemos dicho a menudo que sólo las madres pueden rendir este divino servicio llamado maternidad. No se puede delegar a nadie más. No lo pueden rendir ni las enfermeras, ni las guarderías, ni las niñeras, ni los más amables parientes. Sólo una madre —con la ayuda de un padre, hermanos y otros parientes amorosos— puede dar la totalidad del atento cuidado que se necesita” (“The Blessings and Responsibilities of Womanhood”, Ensign, marzo de 1976, pág. 73).
Presidente Ezra Taft Benson
“…dediquen tiempo a estar presentes y disponibles cuando sus hijos vayan y vengan: cuando salgan para la escuela y cuando vuelvan de ella, cuando salgan con otros jóvenes y cuando regresen del paseo, cuando lleven amigos a casa. Estén allí ya sea que tengan hijos de seis o dieciséis años… Entre los mayores problemas que enfrenta nuestra sociedad está el de los millones de niños que vuelven diariamente a una casa vacía y sin supervisión debido a que ambos padres trabajan” (A las madres en Sión).
“Cuando en una familia el esposo es sano y puede trabajar, se espera que mantenga a su familia. A veces nos cuentan de esposos que debido a condiciones económicas adversas han perdido el trabajo y esperan que sus esposas salgan a trabajar, aunque ellos son todavía muy capaces de mantener a su familia. En estos casos, instamos al esposo a hacer todo lo que esté a su alcance para que su esposa pueda quedarse en la casa cuidando a los hijos mientras él continúa manteniendo a la familia lo mejor posible, a pesar de que el trabajo que pueda conseguir no sea ideal y tengan que ajustar el presupuesto familiar…
“A veces la madre trabaja fuera de la casa animada por su marido, e incluso ante la insistencia de él. Él es el que quiere tener las conveniencias que puede comprar el dinero extra. En esos casos, hermanos, no sólo sufrirá su familia sino que quedará afectado su propio progreso espiritual. Les digo a todos ustedes, el Señor le ha dado al hombre la responsabilidad de mantener a su familia y ganar lo suficiente para que la esposa pueda cumplir con su función de madre en el hogar…
“Uno de los efectos aparentes que el movimiento en pro de los derechos de la mujer ha tenido es el de generar sentimientos de descontento en las jóvenes que han escogido cumplir con la función de esposa y madre. A menudo se les hace sentir que se pueden desempeñar de maneras más llenas de realización y aventura, opciones que se presentan como superiores a los quehaceres domésticos, a cambiar pañales y a estar escuchando a los hijos que llaman a sus madres. Tal punto de vista carece de la perspectiva eterna de que Dios eligió a la mujer para cumplir con la noble función de ser madre y de que la exaltación es la paternidad y la maternidad eternas. [‘To the Elect Women of the Kingdom of God’, Dedicación de la Sociedad de Socorro de Nauvoo, Illinois, 30 de junio de 1978]” (Teachings of Ezra Taft Benson, págs. 506–507, 548–49).
“Existen entre nosotros quienes intentan convencer a los demás de que estas verdades centradas en el hogar no se aplican a las condiciones contemporá- neas. Si ustedes escuchan y dan oído a tales filosofías, serán engañados y se les alejará de sus obligaciones primordiales.
“Las voces tramposas del mundo claman que las mujeres pueden seguir ‘estilos de vida alternativos’, sosteniendo que algunas mujeres son más aptas para una carrera profesional que para ser esposas o madres.
“Tales personas esparcen su descontento mediante una propaganda engañosa que sostiene que la mujer puede hallar más emoción y realización en funciones que no sean la de ama de casa. Algunas han tenido la osadía de sugerir que la Iglesia se aparte de su concepto tradicional de que la mujer mormona debe ser ama de casa y criar a los hijos. También dicen que es sabio poner límites al tamaño de la familia para que la madre tenga más tiempo para cumplir con las metas personales y encontrar realización” (“The Honored Place of Woman”, Ensign, noviembre de 1981, pág. 105)
“La primera responsabilidad de la mujer debe ser prepararse para cumplir con su misión divina y eterna, ya sea que se case siendo joven o con mayor edad. Es insensato dejar de lado esa preparación para recibir una educación en campos que sólo sirven para ganarse un dinero temporalmente. Mujeres, cuando se casen, será el esposo y no ustedes quien tenga la función de mantener a la familia. No sacrifiquen sus preparativos para cumplir con la misión que les fue ordenada en las eternidades por enfocarse en la conveniencia temporal de adquirir técnicas lucrativas que tal vez usen y tal vez no” (“In His Steps”, pág. 64).
“Es tiempo de que los corazones de los padres se vuelvan a los hijos, y los corazones de los hijos, a los padres, o ambos seremos condenados. Frecuentemente se siembran las semillas del divorcio y se privan de las bendiciones de tener hijos porque las esposas trabajan fuera del hogar. Las madres que trabajan deben recordar que generalmente, sus hijos necesitan más de ella que del dinero” (véase Liahona, mayo de 1971, pág. 23).
Presidente Gordon B. Hinckley
“Hermanas, protejan a sus hijos; ellos viven en un mundo de maldad. Esas fuerzas están a su alrededor. Me siento orgulloso de tantos de sus hijos e hijas que viven vidas limpias. Pero me siento sumamente preocupado por muchos de aquellos que gradualmente están siguiendo los caminos del mundo. Nada es de más valor para ustedes como madres, absolutamente nada. Sus hijos son la cosa más valiosa que ustedes tendrán en esta vida o en la eternidad. Ustedes en verdad serán afortunadas si, al envejecer y al ver a esos seres que trajeron a este mundo, encuentran rectitud en la vida de ellos, virtud en su vivir e integridad en su comportamiento.
“Considero que el cuidado con amor y la crianza de los hijos es más que una responsabilidad de tiempo parcial. Reconozco que a algunas mujeres les es preciso trabajar, pero me temo que hay muchas que lo hacen únicamente para obtener los recursos a fin de tener más lujos y algunos juguetes más costosos.
“Si les es preciso trabajar, tendrán que llevar una carga más pesada. No pueden darse el lujo de descuidar a sus hijos. Ellos necesitan la supervisión de ustedes en sus estudios, al trabajar tanto dentro como fuera del hogar, en el cuidado que únicamente ustedes pueden darles, el amor, la bendición, el aliento y la estrecha relación con una madre. “Por todo el mundo las familias están siendo destruidas. Las relaciones familiares se vuelven tirantes a medida que las mujeres tratan de mantenerse al corriente con los rigores de dos trabajos de tiempo completo.
“Tengo muchas oportunidades de [hablar] con líderes que censuran lo que está sucediendo: pandillas en las calles de nuestras ciudades, niños que matan [a] niños, que pasan el tiempo haciendo cosas que sólo pueden llevar a la prisión o a la muerte. Hacemos frente a una ola abrumadora de niños que nacen de madres sin marido. El futuro de esos niños queda casi inevitablemente arruinado desde el día en que nacen. Todo hogar necesita un buen padre [y una buena madre].
“No se pueden construir prisiones en este país lo suficientemente rápido para hacer frente a la demanda.
“No vacilo en decir que ustedes, las que son madres, pueden hacer más que cualquier otro grupo para cambiar esta situación. Todos estos problemas están arraigados en los hogares de la gente. Los hogares destruidos es lo que conduce al quebrantamiento de la sociedad.
“De modo que esta noche, mis queridas hermanas, el mensaje que tengo para ustedes, el reto que les doy y mi oración es que se dediquen una vez más al fortalecimiento de sus hogares” (Liahona, enero de 1999, pág. 118).
“Hace algunos años el presidente Benson dio un mensaje a las mujeres de la Iglesia, instándolas a dejar sus empleos para dar más atención a los hijos. Yo apoyo esa posición.
“Sin embargo, reconozco, al igual que él lo reconoció, que hay mujeres (de hecho, las hay muchas) que tienen que trabajar para atender las necesidades de su familia. A ustedes les digo: Hagan lo mejor que puedan. Confío en que si están trabajando durante jornadas enteras, lo estén haciendo para cumplir con las responsabilidades básicas del hogar y no para darse gustos y hasta lujos materiales. El deber mayor de toda mujer es el de amar a sus hijos, enseñarles, animarlos y guiarlos hacia la rectitud y la verdad. No hay ninguna otra persona que pueda sustituirla adecuadamente.
“Es casi imposible ser una ama de casa todo el día y al mismo tiempo trabajar fuera de la casa jornadas enteras. Me consta que muchas de ustedes se enfrentan con decisiones difíciles en cuanto a esto. Les repito, hagan lo mejor que puedan. Ustedes conocen sus circunstancias y sé que están profundamente interesadas en el bienestar de sus hijos. Cada una de ustedes tiene un obispo que las aconsejará y las ayudará. Si sienten la necesidad de hablar con una mujer comprensiva, no vacilen en ponerse en contacto con su presidenta de la Sociedad de Socorro.
“A las madres de esta Iglesia, a toda madre que me esté escuchando hoy, quiero decirles que a medida que pasen los años se sentirán cada vez más satisfechas con lo que hayan hecho por encaminar la vida de sus hijos en la dirección de la rectitud, la bondad, la integridad y la fe. Hay más posibilidades de que eso suceda si les dedican el tiempo debido” (Liahona, enero de 1997, pág. 78).
“A las mujeres que tienen la necesidad de trabajar aún cuando prefieren quedarse en el hogar, les dirijo algunas palabras. Sé que muchas de ustedes se encuentran en esta situación. Algunas han sido abandonadas o están divorciadas y con hijos que cuidar. Otras son viudas con familias por las que [deben] velar. Les presento mi profundo respeto por la integridad y el espíritu de autosuficiencia que tienen. Ruego que el Señor las bendiga con fuerzas y gran capacidad, pues necesitan ambas cosas. Tienen tanto la responsabilidad de proveer sustento como la de cuidar del hogar, lo cual sé que es difícil y descorazonador. Ruego que el Señor las bendiga con sabiduría especial y con el tremendo talento de proveer por los hijos mediante tiempo, compañía y amor, y con esa guía particular que sólo la madre es capaz de dar. Ruego también que las bendiga con abundante ayuda, la que brindan la familia, los amigos y la Iglesia, que servirá para aliviar parte del peso que sienten sobre sus hombros y para brindar consuelo en momentos extremos.
“Percibimos, al menos en cierto grado, la soledad que a menudo deben sentir, y las frustraciones que deben experimentar al tratar de superar problemas que a veces parecen que exceden su capacidad de solucionarlos. A veces necesitan alimentos que poner en la mesa, y para ello confiamos en que los obispos acudan con comida y otros bienes y servicios como parte del gran programa que el Señor ha proveído en Su Iglesia. Pero reconocemos que la mayor necesidad es de comprensión, aprecio y compañía. Trataremos con un poco más de ahínco de cultivar estas virtudes, por lo que insto a cada una de las hermanas que estén en condiciones de hacerlo, a que se alleguen con redoblado interés a sus hermanas que se enfrentan a tales circunstancias algo desafortunadas.
“Ahora les extiendo una advertencia a las que trabajan sin ser necesario y que por así hacerlo dejan a sus hijos al cuidado de quienes a menudo son apenas pobres substitutos. No hagan algo de lo que más tarde tendrán que arrepentirse. Si el propósito de esa ocupación diaria es simplemente ganar más dinero para comprarse una lancha o un automóvil o para obtener bienes deseables, aunque no indispensables, y como precio de ellos sacrifican la compañía de sus hijos y la oportunidad de criarlos, ya verán ustedes que han perdido la sustancia mientras que trataban de aferrarse a las sombras” (Liahona, enero de 1984, pág. 143).
La familia: Una proclamación para el mundo
“Por designio divino, el padre debe presidir sobre la familia con amor y rectitud y tiene la responsabilidad de protegerla y de proveerle las cosas necesarias de la vida. La responsabilidad primordial de la madre es criar a los hijos. En estas responsabilidades sagradas, el padre y la madre, como iguales, están obligados a ayudarse mutuamente. Las incapacidades físicas, la muerte u otras circunstancias pueden requerir una adaptación individual. Otros familiares deben ayudar cuando sea necesario” (véase Liahona, junio de 1996, pág. 10).
Élder Howard W. Hunter
“A modo de experiencia personal, recuerdo lo que vivimos mi querida esposa y yo después de decidir a qué dedicarme en la vida. Había cursado algunos estudios en el campo farmacéutico con la mira de seguir una carrera médica. Como nos sucede a muchos, cambié de parecer y me metí en otro campo: la banca. Tuvimos la bendición de empleo constante, pero me sentí atraído por la profesión de la abogacía. Se trataba de una decisión importante porque yo ya estaba casado y tenía una familia a la cual mantener, pero tras orar y ayunar y aprender cuál era la mejor manera de proceder, terminé los estudios de mi primera carrera e ingresé a la Facultad de Derecho. Asistí a clases nocturnas porque me era necesario trabajar de día. Fueron años difíciles para nosotros, pero por lo general los deseos se pueden lograr si estamos dispuestos a hacer cierto esfuerzo. No necesito explicar que conté con la ayuda y el apoyo de mi esposa, que siguió siendo ama de casa y criando a nuestros niños. Lo que ella entregó en cuestión de amor, aliento, ahorro y compañerismo superó ampliamente a cualquier contribución material que pudo haber hecho en caso de haber salido a trabajar.
“Hay que darles mucho crédito a nuestras esposas por el pesado trabajo que día tras día hacen en el hogar. Nadie se esfuerza más que una madre y esposa dedicada. No obstante, en los casos normales el Señor ha asignado al hombre como el encargado de ganar el sustento.
“Existen razones poderosas para que las hermanas también se preparen para conseguir empleo. Deseamos que adquieran toda la preparación acadé- mica y vocacional que les sea posible antes de casarse. Si después enviudaran o se divorciaran y tuvieran que trabajar, quisiéramos que tuviesen un empleo bueno y bien remunerado. Y las hermanas que no se casen tienen todo el derecho de dedicarse a una profesión que les permita magnificar sus talentos y dones.
“Hermanos y hermanas, debemos hacer todo lo posible para prepararnos debidamente para nuestros empleos y profesiones. Tenemos una responsabilidad para con nosotros mismos de dar lo mejor que podamos, y a nuestras familias debemos proveerles lo mejor que podamos” (“Prepare for Honorable Employment”)
Élder Boyd K. Packer
“La Primera Presidencia aconsejó que: ‘La madre que delega a otros el cuidado de sus hijos para hacer trabajos no maternales así sea por dinero, fama o por servir a la comunidad, debe recordar que el hijo al que abandona ‘avergonzará a su madre’ (Proverbios 29:15). En esta época, el Señor ha dicho que a menos que los padres enseñen a los hijos las doctrinas de la Iglesia ‘el pecado será sobre la cabeza de los padres’ (D. y C. 68:25)…
“Este mensaje y advertencia de la Primera Presidencia se necesita más ahora que cuando se dio en [1942]. Y la voz de ninguna de las organizaciones de la Iglesia, no importa a qué nivel se encuentre, se iguala a la de la Primera Presidencia”
Élder Richard G. Scott
“El presidente Benson ha enseñado que la mujer que tiene hijos debe estar en su hogar para cuidarlos. Él ha dicho: ‘Nos damos cuenta que algunas de nuestras hermanas son viudas o divorciadas, y que otras se encuentran en circunstancias especiales en las que, por necesidad, deben trabajar durante un tiempo. Pero estos casos son la excepción, y no la regla’ (A las madres de Sión, folleto, 1987). Las hermanas que se hallen en estas circunstancias merecen recibir del Señor la mayor inspiración y fortaleza: no es así con las que salen a trabajar sin razón justificada” (Liahona, julio de 1993, pág. 34).
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