“Mas esto no es todo; Se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de profecía y el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios”.
Una escritura sencilla, ubicada en el capitulo 17 de Alma, encierra en su contenido una de las verdades más poderosas de toda la restauración: El Poder y la Autoridad.
Recuerdo que antes de partir a mi misión me “preparé” estudiando la Biblia y las demás escrituras que usaría para convencer a la gente a la que me enviasen y argumentar nuestra “verdad”. Iba convencido de que iba a grandes debates donde, gracias a mi intelecto, conocimiento y capacidad de argumentación, podría llevar un montón de gente al evangelio verdadero de Cristo. Hoy en día, cuando recuerdo esto, me da hasta vergüenza pensar en mi ingenuidad y desconocimiento de “como era la cosa”: Poder y Autoridad…
Tuve suerte. Mi primer compañero, con quien estuve sólo un mes (el mes más importante de toda mi vida), entre risas y testimonio me enseñó que el camino iba por otro lado.
Aún recuerdo las primeras charlas en las que estuve presente -por un raro motivo, serví como misionero un mes, para después entrar al CCM y sólo luego de ello ir a mi misión asignada- y cómo me sentía en esas charlas. Cuando mi compañero mostraba la imagen de la primera visión, la relataba y luego testificaba. Les prometo que podía ver físicamente salir luz del rostro de ese joven que llegó desde Argentina para enseñar a mis compatriotas y a mí.
Creo que ni siquiera en esos dos años de fe y servicio dejé de ser analítico para pensar; pero al tiempo me di cuenta de que ocurría algo extraño cuando mis compañeros testificaban. Ellos no necesitaban probar lo que decían; no usaban las cientos de escrituras bíblicas que yo tenía preparadas para cada caso, ellos simplemente hablaban con un poder y una autoridad de los que anteriormente jamás me había dado cuenta. Un poco mas de tiempo después, también me di cuenta que esa manera era impresionantemente más eficaz para enseñar. Hubo instantes en los cuales pude realmente sentir que ya no me comunicaba, sino que la inteligencia fluía entre yo y quienes enseñaba. Realmente comencé a experimentar cosas que no conocía y que luego, al leer las escrituras, podía reconocer como cosas que estaba viviendo. Llegué a ser verdaderamente un embajador de Jesucristo; investido de su Poder y su Autoridad, y no en forma metafórica, sino que absolutamente real.
La GEE relaciona ambos términos, el Poder y la Autoridad, diciendo que: “El tener Poder sobre algo es tener la capacidad para controlarlo o mandarlo”. Doctrina y Convenios nos aclara aún más que “el poder está en ellos” para “consagrarse a una causa buena”. . . “y efectuar mucha justicia” (DyC 58:27-28). El Poder no aparece como un derecho, sino que es una consecuencia directa de la pureza, rectitud y la fe: “. . .purificad vuestro corazón delante de mí, y entonces íd por todo el mundo y predicad mi evangelio a toda criatura que no lo haya recibido.” (DyC 112:28).
Los hijos de Mosiah también aprendieron esta lección. Cuando se encontraron con su amigo Alma hijo, él comenta que “se habían fortalecido en el conocimiento de la verdad; porque eran hombres de sano entendimiento y habían escudriñado diligentemente las Escrituras para conocer la palabra de Dios. Mas esto no era todo, se habían dedicado a mucha oración y ayuno por tanto… cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios.”
Vemos claramente en este versículo cuál fue el precio que tuvieron que pagar un grupo de misioneros para ser efectivamente investidos de Poder. La Biblia es clara al respecto: “Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.
Y entonces, es ahí donde estaba el truco: Obtener la compañía del Espíritu Santo, la fuente final de nuestro Poder y nuestra Autoridad.
Para finalizar, puedo recordar al profeta Jose Smith. En una ocasión un periodista no miembro de la iglesia le preguntó cuál era la diferencia entre su religión y el resto de las religiones que habían en el mundo, -cuando yo leía eso, pensé rápidamente: Podría haber hablado de los grados de gloria… de la exaltación… del conocimiento de Dios como un personaje exaltado… de tantas cosas-, sin embargo, Jose mencionó sólo una: “Gozamos de la compañía del Espíritu Santo”….
Sólo ahora vengo a comprender lo que él le dijo a ese periodista, algo muy sencillo, casi nimio; pero que como en las parábolas del Salvador, cuando uno comienza a entender, se maravilla ante la profundidad de lo que El estaba diciendo.
Testifico que ésta es la Iglesia del Salvador, que Su autoridad y Su poder están presentes hoy en día en la tierra, y que si pagamos el precio que se nos pide para ser dignos de ello, podemos ser llenos de poder y autoridad de lo alto para bendecir a nuestros demás hermanos. Lo sé, porque lo he vivido.
En el nombre de Jesucristo, Amén.

Hace varios años atrás, servia como misionero en una ciudad al sur de Chile. Gran parte del trabajo que realizábamos tenia que ver con la activación, y en muchos casos la reconversión de personas que llevaban años sin volver a la Iglesia. Recuerdo (no muy bien, claro) que un día, hubo una reunión especial un domingo en una capilla de Rancagua la cual aprovechamos como oportunidad para llevar inactivos a la iglesia. Una pareja de misioneros estaban muy contentos por que habían podido llevar un hombre con el cual llevaban tiempo trabajando a la capilla, mientras comenzaba la reunión este hombre se sentó en el pasillo y espero. Llevaba mucho tiempo de no asistir a la capilla, no se había puesto corbata, pero usaba una chaqueta, y… barba. Todo iba bien hasta que apareció alguien, un líder (del area que vivia en esa cuidad) lo miro, le sonrío condescendientemente, y le pregunto por que venia a la capilla con barba. El hombre le dijo que así se sentía cómodo y si Jesucristo uso barba, el no veía que tuviese de malo, mal que mal Jesucristo es nuestro ejemplo (yo se que es un argumento “distinto” y algo debatible, pero fue mas o menos lo que el hombre respondió). El “lider” le miro, sonrío, y luego, apuntando a una foto de la primera presidencia en el diario mural que justo estaba ahí, le señalo “es verdad, Cristo es el ejemplo pero en este momento Ellos son nuestro ejemplo, así que así debemos presentarnos en la iglesia”. Resultado, el hombre no quiso contender con la “autoridad” pero al rato se fue de la capilla, y hasta donde supe cuando me fui a otro sector, nunca mas volvió a una capilla.
Esta historia es una de las mas queridas para mi, se trata de una persona extraordinaria, con quien nos conocemos desde la primaria, y que donde este, siempre llama la atencion por sus atributos, pero, es algo timido, por lo cual me prohibio editar en cualquier sentido su escrito (grgrgrgrgr), a penas me dejo colocar una foto que lo represente, tal como lo hice ;).

A menudo una causa de duda y discusión es que enseña la iglesia con respecto a la planificación familiar o a la cantidad de hijos que se espera de cada matrimonio santo de los últimos días. La confusión esta en cierta forma dada debido a que se ha escuchado o enseñado principios que algunas parecen condenar la posición generalmente aceptada por la sociedad, sociedad que actualmente evoluciona en forma directa a su nivel de desarrollo desde la familia numerosa hacia las familias con pocos, e inclusive en forma extrema, a una familia sin hijos.
Ok, esta carta la conoce cada uno de aquellos jovenes y jovencitas que parten a la gran aventura misional: un dia, uno de los maestros del CCM se acercara a los elderes (o hermanas por separado), les lleva a una sala y les lee un famoso discurso pronunciado por Spencer W. Kimball. Para que les voy a contar de que se trata, cada uno de los misioneros lo tuvo claro desde el principio: No puedes enamorarte, no puedes “conocer” personas del sexo opuesto, no puedes siquiera pensar en casarte con alguen que conociste en la mision.
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