La Palabra de Sabiduria: De Principio a Mandamiento

Hace años que tenia la duda de como habia pasado la palabra de sabiduria de “Salutacion” a Mandamiento. La historia comun era que al principio era una recomendacion, pero que Brigham Young pidio a los santos que se sostuviese como mandamiento en 1852. Lo anterior no me calzaba por que tambien tenia declaraciones posteriores de Brigham hablando de los beneficios del te y el cafe, y el mismo tenia su propia tienda donde vendia ademas alcohol y tabaco e inclusive estuvo en planes de tener su propio viñedo para venderle a los chinos. Por otro lado, investigando por otros lados, me habia dado cuenta de que efectivamente varios apostoles y lideres se tomaban “su copita” de vez en cuando hasta que al final me di cuenta que el Presidente que realmente transformo la palabra de Sabiduria en Mandamiento habia sido Heber J. Grant en los años 30, en algo que yo asumi como en contra de la Ilegalidad de consumir alcohol en tiempos de la prohibicion y ley seca en estados unidos.

Asi que con esa duda, hace un tiempo me tope con un articulo academico que analizaba el proceso de como la Palabra de Sabiduria habia pasado de Principio a Mandamiento durante el periodo de 1898 a 1930. El tema es interesante, pero, es un articulo “academico”, eso quiere decir laaaaargooooooo. Cuando iba en la mitad de la traduccion estaba aburrido como ostra, y aunque al final es interesante (y de hecho, nunca habia leido algo asi), lo termine solamente por que ya llevaba harto escrito.

El articulo describe de una forma muy documentada el proceso que llevo al cambio dentro de la Iglesia, el cual no fue solamente influido por consideraciones doctrinales, sino que tambien por el ambiente que se vivia en los estados unidos. Tambien ofrece la respuesta a la vieja leyenda de la coca cola, y un par de curiosidades mas como la casi inclusion en contra de comer carne entre los santos en la palabra como la conocemos actualmente. Si quieren aprender algo interesante pero quizas demasiado documentado, pueden ir a leer mas y leer la traduccion de este articulo aparecido en 1981 en la revista “Dialogo”.

Para quienes no la conozcan, la revista Dialogo: Un diario del pensamiento mormon, es una de las publicaciones mas prestigiosas en el universo santo de los ultimos dias. Sus articulos son de reconocidos academicos, estudiosos y eruditos sud, desde un punto de vista cultural, social e historico. Todos los numeros se encuentran disponibles en la Biblioteca Marriot de la Universidad de Utah para ser vistos online y verdaderamente constituyen una fuente de referencia valiosisima para estudiantes con muchisimo tiempo libre.

El autor del “paper” es Thomas G. Alexander, respetado historiador y ex academico de BYU y actual misionero (con su esposa) en Alemania, el cual escribio este articulo en colaboracion con el departamento de Historia de la Iglesia. Yo actue solo como curioso traductor y por lo tanto, esta traduccion puede contener errores, aunque por lo general, no esta tan malo.

Que lo disfruten.

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Lo que los Manuscritos y los Testigos nos dicen en cuanto a la Traducción de El Libro de Mormón

Continuando con los artículos respecto a la aparición del Libro de Mormón, desde el Perú Walter Cruz nos envió un email con una traducción que el había hecho de un documento al respecto de BYU-Farms. El texto es muuuuyyyy interesante y revela mas aspectos de este proceso y como los investigadores, a partir del estudio del manuscrito original y de la primera edición del libro de mormón pueden concluir de una manera mas fuerte el hecho de que José no invento o escribió el libro sino que de alguna manera tradujo el libro de mormón desde otra fuente.


Lo que los Manuscritos y los Testigos nos dicen en cuanto a la Traducción de El Libro de Mormón

Daniel C. Peterson
Traducción libre por Walter Iván Cruz, Perú

Royal Skousen ha dedicado una década y media a un estudio intensivo del texto del Libro de Mormón, y de manera especial al manuscrito original y al del editor. Es su fuerte opinión que la evidencia del manuscrito apoya el relato tradicional del origen del Libro de Mormón, y que no apoya la idea de que José Smith elaboró por sí mismo el texto o lo copió de cualquier otro manuscrito existente. Todos los testigos creían que de alguna manera José Smith veía las palabras y se las leía a los escribas. Tomados en conjunto, estos dos hechos son altamente significativos. Examinemos brevemente algunos datos relevantes.

Ante todo, la evidencia apoya fuertemente el relato tradicional que narra que el manuscrito original fue dictado oralmente. Las clases de errores que ocurren en el manuscrito son claramente los que ocurren cuando un escriba no escuchó bien, en vez de ser errores de mala lectura cuando se copia de otro manuscrito. (Por contraste, el manuscrito del impresor muestra precisamente la clase de anomalías que uno esperaría de los errores de un copista). El análisis meticuloso de Royal aún sugiere que José estuvo trabajando con más de veinte o treinta palabras a la vez.

Es aparente que José podía ver el deletreo de los nombres desde donde sea que los leía. Cuando el escriba había escrito el texto, él (o ella en el caso de Emma Smith) evidentemente lo leía en voz alta a José Smith para su corrección. De manera que el Profeta evidentemente tenía algo con él desde donde él dictaba, y con lo cual podía corregir lo que sus escribas habían escrito. Pero, ¿qué era esto? Los testigos son unánimes en cuanto a que él no tenía ningún libro, manuscrito o documento con él durante el proceso de traducción, el cual comprendía largos períodos de dictado.

En una entrevista con su hijo, José Smith III, poco antes de que ella muriese, Emma Smith insistía en que José no tenía ningún texto con él durante la obra de traducción:

    P. ¿No tenía él un libro o manuscrito desde donde a usted le leía o dictaba?

    R. Él no tenía ningún manuscrito ni libro desde donde leía.

    P. ¿No podía tenerlo sin que usted lo supiera?

    R. Si él hubiese tenido alguna cosa parecida no podría haberla ocultado de mí.

Emma Smith pudo hablar con autoridad con respecto al período durante el cual ella misma sirvió como escriba. Pero ¿qué hay sobre el período más prolongado cuando Oliverio Cowdery estaba tomando el dictado? De hecho, Emma podía hablar de una experiencia personal con respecto a ese tiempo también. Mientras estaban en Harmony, Pennsylvania – donde la mayor parte del texto de El Libro de Mormón fue escrito – Emma dijo que José y Oliverio no estaban lejos de ella:

P. ¿Dónde escribían papá y Oliverio Cowdery?

R. Oliverio Cowdery y tu padre escribían en el cuarto en donde yo estaba trabajando.

Ella dijo: “Las planchas a menudo descansaban en la mesa sin ninguna intención de ser escondidas, envueltas con un pequeño mantel de lino, que yo le había dado a él para envolverlas. Una vez sentí las planchas cuando estaban en la mesa, trazando su borde y su forma. Parecían ser apilables como papel grueso, y emitían un sonido metálico cuando se movían los bordes con el pulgar, como cuando uno pasa los dedos por los bordes de las páginas de un libro.”

No mucho después de hablar con ella, José Smith III escribió una carta en la que él resumió algunas de las respuestas que ella dio a sus preguntas. “Ella escribió para José Smith durante la obra de traducción, como también lo hicieron Rubén Hale, su hermano, y O. Cowdery; que la mayor parte de esta obra fue hecha en su presencia, y en donde ella podía ver y saber lo que se estaba haciendo; que mientras duró José Smith no tuvo ningún mss. [manuscrito] o libro de ninguna clase desde donde pudiese leer, o dictar, excepto las planchas metálicas, las cuales ella sabía que él tenía.”

Un corresponsal del Chicago Times entrevistó a David Whitmer el 14 de Octubre de 1881, y obtuvo la misma historia: “El Sr. Whitmer afirma enfáticamente, como lo hicieron Harris y Cowdery, que mientras Smith dictaba la traducción éste no tenía notas manuscritas u otros medios de conocimiento salvo la piedra vidente y los caracteres que se veían en las planchas, y que él [i.e., David Whitmer] estuvo presente y presenció como se realizaba.”

De manera similar, el St. Louis Republican, basado en una entrevista a mediados de Julio de 1884, informó que “Papá Whitmer, quien estuvo presente muy frecuentemente durante la escritura del manuscrito [i.e., de el Libro de Mormón], afirma que José Smith no tenía ningún libro o manuscrito frente a él del cual éste pudiera leer como se afirma que lo hizo, habiendo tenido él (Whitmer) la oportunidad de saber si Smith tenía el romance de Salomón Spaulding, [i.e., una novela] o el de cualquier otra persona, como para leer de éste.”

David Whitmer repitió insistentemente que el proceso de traducción ocurrió a plena vista de los familiares y amigos de José Smith. (La imagen común de una cortina que colgaba entre el Profeta y sus escribas, vista algunas veces en ilustraciones de la historia del Libro de Mormón, está basada en una mala interpretación. Sí existió una cortina, al menos en las últimas etapas del proceso de traducción, sin embargo, esa cortina no estaba suspendida entre el traductor y el escriba sino cerca de la puerta delantera de la casa de Peter Whitmer, con el fin de prevenir que los caminantes y mirones interfieran con la obra.)

Una evidencia adicional que demuestra que, sea lo que estuviera pasando, José Smith no estaba simplemente leyendo de un manuscrito, proviene de un episodio relatado por David Whitmer a William H. Kelley y a G. A. Blakeslee en enero de 1882:

    Él no podía traducir a menos que fuese humilde y poseyese los sentimientos correctos hacia todos. Se los ilustraré para que vean. Una mañana cuando él estaba alistándose para continuar con la traducción, algo estuvo mal con la casa y él se molesto por esto; era algo que Emma, su esposa, había hecho. Oliverio y yo subimos las escaleras y José se nos unió rápidamente para continuar con la traducción, pero él no pudo hacer nada. No pudo traducir ni una simple sílaba. Él bajó las escaleras y fue a un jardín en donde oró al Señor; estuvo fuera por casi una hora, y cuando volvió a la casa le pidió perdón a Emma y entonces subió las escaleras a dónde estábamos y la traducción continuó sin problemas. Él no podía hacer nada a menos que fuese humilde y fiel.

Whitmer le contó la misma historia a un corresponsal del Omaha Herald durante una entrevista el 10 de octubre de 1886. En lo que tal vez es un lenguaje sobredimensionado, el reportero del Herald resumió el acontecimiento de la siguiente manera:

    Él [José Smith] fue de nuevo a orar a la arboleda, y esta vez se fue por una hora completa. Sus amigos llegaron a estar bastante preocupados, y estaban a punto de organizar una búsqueda, cuando José entró pálido a la habitación, habiendo padecido un severo castigo de las manos del Señor. Fue directamente a su esposa en humildad, pidiendo y obteniendo su perdón, volvió a la obra, y con mucho gozo para él mismo y para los ansiosos amigos que lo rodeaban, la piedra volvió a mostrar las letras de fuego.

Parecería ser de esta anécdota que José Smith necesitaba estar espiritual o emocionalmente preparado para que continuase el proceso de traducción, algo que hubiese sido completamente innecesario si simplemente él lo hubiese leído de un manuscrito preparado. En este punto un escéptico podría tal vez sugerir que las distracciones emocionales interferían con la habilidad de José Smith para recordar un texto que él había memorizado la noche anterior para dictárselo a sus inocentes secretarios, o que los devaneos personales lo distraían como para poder improvisar un texto original que pueda ser escrito como si le hubiese ocurrido a él. Pero tales potenciales contra-explicaciones sufren de serios defectos: Si fuera remotamente posible imaginar a José Smith o a cualquier otra persona memorizar o componer casi 5000 palabras diarias, día tras día, semana tras semana, en la producción de un libro complejo y voluminoso es una pregunta que los lectores pueden meditar por sí mismos. También uno podría preguntarle al mismo escéptico por qué José simplemente no escribió el libro por sí mismo si estaba en verdad fingiendo la recepción del texto por revelación.

Una anécdota relatada por Martín Harris a Edward Stevenson dar evidencia contra el que la traducción sea un simple dictado de un texto memorizado o la lectura mecánica de un manuscrito ordinario introducido subrepticiamente en la habitación. Al hablar Harris de los primeros días de la obra, antes de la llegada de Oliverio Cowdery, cuando él servía como escriba, “dijo que el Profeta poseía una piedra vidente, mediante la cual él era capaz de traducir, así como también por el Urim y Tumim, y que por conveniencia él usaba la piedra vidente.” La piedra vidente era colocada en un sombrero para oscurecer la luz circundante y hacer legibles las palabras escritas en ella. Al contrario, por supuesto, el escriba necesitaba luz para poder escribir el texto. Esta situación, aunada al hecho de no existir una cortina divisoria, puede haber hecho muy difícil, si no imposible, que José escondiese un manuscrito, o libros, o las planchas mismas. El relato de Stevenson continúa:

    Con la ayuda de la piedra vidente aparecían las oraciones y eran leídas por José y escritas por Martín, y cuando terminaba de escribir él decía: “Escrito”, y si estaba correctamente escrito, la oración desaparecía y aparecía otra en su lugar, pero si no estaba escrita correctamente esta permanecía hasta que se corrigiese, de manera que la traducción era tal como fue grabada en las planchas, precisamente en el lenguaje que se usaba entonces. Martín dijo que después de continuar con la traducción cuando ellos se cansaban, bajaban al río y se ejercitaban tirando piedras, etc. En una ocasión mientras lo hacían, Martín encontró una piedra que se asemejaba mucho a la que se usaba para traducir, y al reasumir la obra de traducción, Martín reemplazó la piedra vidente con la que había encontrado. Él dijo que el Profeta permaneció en silencio, y se esforzaba de manera inusual por ver en la obscuridad, sin que aparecieran trazos de las habituales oraciones. Muy sorprendido, José exclamó: “¡Martín! ¿Qué es lo que pasa? ¡Todo está tan obscuro como en Egipto!” El rostro de Martín lo delató, y el Profeta le preguntó por qué lo había hecho, a lo que Martín respondió que para tapar la boca de los necios que le habían dicho que el Profeta se había aprendido todas esas oraciones y que solo las estaba repitiendo, etc.

Además, resulta claro por medio de un cuidadoso análisis del manuscrito original que José no sabía de antemano lo que el texto iba a decir. Los cortes de capítulos y las divisiones de los libros aparentemente lo sorprendían. Evidentemente él veía alguna indicación de un corte en el texto, y, cada vez que ocurría, le decía al escriba que escribiese “Capítulo” y más tarde se agregaban los números. Por ejemplo, en lo que ahora reconocemos como el final de 1 Nefi, el manuscrito original primero indica que iba a empezar un nuevo capítulo (En las divisiones de capítulos original el texto que continuaba estaba marcado como “Capítulo VIII.) Cuando José y Oliverio subsecuentemente descubrieron que en vez de eso estaban ante el inicio de un libro completamente distinto, 2 Nefi, la especificación original de capítulo fue tachada y colocada después del título del nuevo libro. Esto es muy instructivo. Indica que José podía solo ver el final de una sección pero que no sabía si la siguiente sección sería otra porción del mismo libro o, por el contrario, el comienzo de un libro enteramente nuevo.

Inclusive, había partes del texto que él no entendía. Su esposa Emma recordaba de las primeras etapas de la traducción: “Cuando llegaba a los nombres propios que él no podía pronunciar, o a palabras largas, las deletreaba”, y evidentemente ella mencionó su experiencia a David Whitmer o a cualquier otra persona que supiese de este fenómeno de manera independiente. Whitmer le contó a E. C. Briggs y a Rodolfo Etzenhouser en 1884 que “cuando José no podía pronunciar las palabras las decía letra por letra.” Briggs también recordó una entrevista de 1856 en la que Emma Smith “hizo hincapié en la limitada educación de su esposo mientras él traducía el Libro de Mormón, cuando ella era su escriba, ‘Él no podía pronunciar la palabra Saríah.’ Y en una ocasión cuando estaba traduciendo, cuando se mencionaron los muros de Jerusalén, él se detuvo y dijo: ‘Emma, ¿Jerusalén tenía muros que la rodeaban? Cuando le dije que así era me respondió: ‘Oh, pensé que había sido engañado.’” Como se resumió del testimonio de David Whitmer en 1885 en el Chicago Tribune, éste confirmó la experiencia de Emma: “Al traducir los caracteres, Smith, quien era iletrado y muy poco versado en la historia bíblica, a menudo era compelido a deletrear las palabras, no sabiendo la pronunciación correcta, y el Sr. Whitmer recuerda el hecho de que en ese tiempo Smith ni siquiera sabía que Jerusalén era una ciudad amurallada.” (El uso del término iletrado es potencialmente engañoso puesto que José Smith era letrado, según el uso actual de la palabra, ya que él podía leer y escribir. Pero José no era una persona instruida; no era un hombre de letras. Según esto, en un sentido de la palabra, él era iletrado.)

En la noticia de la muerte de David Whitmer, e indudablemente basados en sus entrevistas anteriores a él, el número del Chicago Times del 24 de enero de 1888 volvió a hacer alusión a las dificultades que tenía José Smith con el texto que dictaba: “Smith, siendo iletrado, a menudo tropezaba con palabras grandes, las que el maestro de la villa [Oliverio Cowdery] se las pronunciaba, de tal manera que la obra prosiguiera.”

Así vemos que José Smith parecía haber estado leyendo desde algo, pero que no tenía ningún libro, manuscrito o documento con él. Parece ser que era un texto nuevo y extraño para él, y que requería cierto enfoque emocional o mental antes de poder leerlo. Todo esto es completamente consistente con las afirmaciones de José Smith, de que él estaba dictando el texto por revelación mediante un instrumento interpretativo, y no concuerda con las afirmaciones de que él había creado el texto previamente, o que estaba leyendo de una copia fraudulenta de algún manuscrito perteneciente a otra persona. Para hacer plausible esta última teoría tendríamos que rechazar el testimonio unánime de los testigos visuales en el proceso e ignorar la evidencia del mismo manuscrito original.

La Iglesia del Primogénito

Autor: Barrett, Iván J.
Encyclopedia del Mormonismo

La Iglesia del Primogénito es la iglesia celestial de Cristo y sus miembros son seres exaltados los cuales han ganado una herencia en el cielo (grado) más alto del mundo celestial y para quienes la familia continúa en la eternidad.

En las escrituras Jesucristo es llamado el Primogénito. Él era el hijo espiritual primogénito de Dios el Padre en la existencia premortal y fue en el principio con Dios (Juan 1:1-5, 14). Cristo se convirtió en el Primogénito de entre los muertos, la primera persona resucitada “para que en todo tenga la preeminencia,” (Colosenses 1:18; Hechos 26:23; 1 Corintios 15:23;. Apocalipsis 1:5) . A pesar de que los primeros principios y ordenanzas, incluyendo el bautismo en agua y la recepción del Espíritu Santo, constituyen la puerta en la Iglesia terrenal de Jesucristo, las ordenanzas más altas del sacerdocio constituyen la puerta en la Iglesia del Primogénito. Para asegurar las bendiciones que pertenecen a la Iglesia del Primogénito, uno tiene que obedecer el evangelio desde el corazón, recibir todas las ordenanzas que pertenecen a la casa del Señor, y estar sellados por el Espíritu Santo de la promesa en el Reino Celestial de Dios (DyC 76:67, 71, 94, 77:11, 78:21, 88:1-5).

Revelaciones dadas al profeta José Smith complementen a las del Nuevo Testamento para indicar que la Iglesia del Primogénito está formado por aquellos que tienen la herencia del Primogenito y que se convierten en coherederos con Cristo en recibir todo los que el Padre tiene (Romanos 8:14 -17; D. y C. 84:33-38; ver Herederos: Los herederos de Dios). El Señor dijo: “Porque si guardáis mis mandamientos, recibiréis de su plenitud y seréis glorificados en mí como yo lo soy en el Padre … yo soy el Primogénito … y todos los que por medio de mí son engendrados, son partícipes de esa gloria, y son la iglesia del Primogénito” (DyC 93:20-22). La Iglesia del Primogénito es el orden divino patriarcal en su forma eterna. La construcción del orden familiar del sacerdocio en esta tierra mediante la recepción de sellamientos en el templo es una preparación y fundación de esta bendición en la eternidad (véase el Evangelio de Abraham).

Cuando las personas han sido fieles en todas las cosas ordenadas por el Señor, es su privilegio el recibir los convenios y obligaciones que les permitiran ser herederos de Dios como miembros de la Iglesia del Primogénito. Ellos son “sellados por el Santo Espíritu de la promesa” y son “aquellos en cuyas manos el Padre ha entregado todas las cosas” (DyC 76:51-55). Ellos serán sacerdotes y sacerdotisas, reyes y reinas, recibiendo la gloria del Padre y que tienen la plenitud del conocimiento, sabiduría, poder y dominio (DyC 76:56-62; cf 107:19.). En la segunda venida de Jesucristo, la “asamblea general de la Iglesia del Primogénito” descenderá junto a él (Hebreos 12:22-23; TJS Génesis 9:23; D. y C. 76:54, 63).

Traspasar lo Señalado

http://www.lamanitas.8m.com/devocionales/Elder-Quentin-L-Cook.jpg
(A proposito de la Superlista Dostrinal, uno de mis discursos favoritos de todos los tiempos….)
Traspasar lo señalado

El centrarse en las filosofías de los hombres, el enfrascarse en analizar con afán desmedido asuntos de doctrina que no se consideran esenciales, y el poner las reglas en un plano más elevado que la doctrina, son formas de traspasar lo señalado.
POR EL ELDER QUENTIN L. COOK
De los Setenta 

Vivimos en un mundo en el que, por encima de todo, se busca y se publica por todo el orbe lo que está “de moda”, el cotilleo, la comidilla, la “novedad”. Las películas, la televisión y otros medios de comunicación suelen hacer hincapié en hazañas puramente simbólicas y de poco valor, en las personas que no son capaces de funcionar normalmente en la sociedad, en el conflicto y en la sexualidad, en vez de celebrar los callados actos cotidianos de sacrificio, de servicio y amor que son parte integral del mensaje y del ejemplo del Salvador. La loca carrera por hallar lo novedoso por lo general suele arrollar a la verdad.

En el capítulo 17 de Hechos se encuentra el relato de la visita que hizo el apóstol Pablo a Atenas, ciudad que llevaba tiempo en un periodo de decadencia, pero que aún se sentía orgullosa de sus tradiciones filosóficas. En el relato se mencionan a los estoicos y los epicúreos, cuyas filosofías eran las más predominantes de la época. Los estoicos creían que el mayor bien era la virtud, mientras que los epicúreos creían que era el placer. Muchos estoicos se habían envanecido y utilizaban la filosofía como un “un manto para cubrir la ambición y la iniquidad”. Muchos epicúreos se habían convertido en hedonistas, personas cuyo lema era “comamos y bebamos, pues mañana moriremos”1. 

Se invitó a Pablo a dirigirse a esta difícil mezcla de personas en la colina de Marte, y en Hechos 17:21 leemos: “Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo” (cursiva agregada).

Pablo intentó captar su atención refiriéndose a un altar que contenía la inscripción “Al Dios no conocido”, pero en realidad su mensaje versó sobre la resurrección de Jesucristo. Cuando la multitud se percató de la naturaleza religiosa del mensaje, algunos empezaron a burlarse de él, mientras que otros, igualmente faltos de interés pero quizás más educados, le dijeron: “…Ya te oiremos acerca de esto otra vez” (Hechos 17:32).

La respuesta de los atenienses a Pablo no fue diferente de la de las personas descritas por el profeta Jacob durante un periodo anterior: “Pero he aquí, los judíos fueron un pueblo de dura cerviz; y despreciaron las palabras de claridad, y mataron a los profetas, y procuraron cosas que no podían entender. Por tanto, a causa de su ceguedad, la cual vino por III traspasar lo señalado III, es menester que caigan; porque Dios les ha quitado su claridad y les ha entregado muchas cosas que no pueden entender, porque así lo desearon; y porque así lo desearon, Dios lo ha hecho, a fin de que tropiecen” (Jacob 4:14; cursiva agregada).

Hoy día existe la tendencia en algunos de nosotros de “traspasar lo señalado” en vez de mantener un testimonio de los principios básicos del Evangelio. Hacemos esto cuando sustituimos las verdades del Evangelio con las filosofías de los hombres, cuando nos volvemos fanáticos en lo que respecta a algún punto en particular del Evangelio, cuando buscamos hazañas puramente simbólicas a expensas de la consagración diaria, o ponemos las reglas por encima de la doctrina. El evitar esos comportamientos nos ayudará a evitar la ceguera y los tropiezos teológicos que describe Jacob.

continua…

El dia largamente esperado ha llegado.

La restriccion habia durado casi 150 años. Aun cuando la iglesia desde siempre lucho por la igualdad de los derechos civiles entre todas las razas y fue una de las pocas iglesias que, exceptuando el tema del sacerdocio y lo que de ahi deriva, no hizo ninguna excepcion mas entre blancos y negros (por ejemplo, no habian iglesias solo negros e iglesias solo blancos, solo habian capillas, y no se tienen estadisticas de cuantos negros habian en la iglesia en esos años por el simple hecho que a todos los contaban como igual), sin embargo, la iglesia y los miembros tenian que cargar una pesada carga y estigma de racismo sobre sus espaldas.

Fue un tiempo de Fe y pruebas. A pesar de que la gran mayoria de los miembros estaba de acuerdo con dar el sacerdocio a todos los hombres, la fe siempre fue fuerte en apoyar a los lideres puestos por Dios. No hubo discencion en la Iglesia, los miembros no se dividieron en grupos, no se levanto la voz contra los ungidos, solo soportaron la carga.

Los lideres de la Iglesia aguardaron. A pesar de la presion se mantuvieron firmes esperando la revelacion casi todos esperaban venir. Era cuestion de tiempo para que todas las bendiciones se derramaran sobre los hombres. Con la luz que habia en ese momento, incluso algunos lideres dieron una opinion que ahora nos cuesta comprender, sin embargo, el dia llego y todo lo anterior fue borrado. “Él ha escuchado nuestras oraciones y ha confirmado por revelación que ha llegado el día prometido por tan largo tiempo en el que todo varón que sea fiel y digno miembro de la Iglesia puede recibir el santo sacerdocio,”. A partir de ese momento, todo cambio. Gordon B. Hinckley señala que todos los que estuvieron involucrados en ese proceso “no volvieron a ser los mismos. La Iglesia no volvio a ser la misma”. Bruce R. McConkie, quien anteriormente habia escrito justificando la restriccion y señalando que la gente de color tendria que esperar hasta el milenio, humildemente señalo que todo lo anterior habia cambiado y habia que dejarlo pasar, no importando quien lo hubiese dicho, nueva luz habia llegado a los hombres.

En deseret news me he emocionado un poco leyendo los testimonios de la gente que vivio ese momento. Cuentan como al recibir se sintio como un dia de alegria generalizada. La prueba estaba superada, todos podian recibir las bendiciones. Hombres cuentan cuando conduciendo escucharon por la radio el anuncio del 7 de junio, se apearon al camino, detuvieron su automovil y oraron dando gracias a Dios. En muchas partes, miembros de la iglesia y misioneros hicieron ayunos en ambiente de fiesta y alegria (joy) por el anuncio. Finalmente, habia llegado.

El dia de mañana (en 2008) la iglesia tiene preparado un espectaculo especial no-titulado “Hossana, el dia ha llegado” en celebracion a los 30 años de la declaracion. Es una celebracion mundial, aunque me parece que no sera retransmitido en forma oficial. Sin embargo, InfoSud ya esta preparado para grabar y compartir el mensaje de este espectaculo especial en este dia de alegria en una transmision compartida (jejejej) con este sitio.

Mis palabras finales son que hace años tuve la duda y me dedique a estudiar para saber que paso. Hay una enorme cantidad de material al respecto, lamentablemente casi todo en ingles. Me sirvio mucho, por que como pocos, este tema involucro casi toda la historia de la iglesia, sentimientos de hombres, revelaciones de Dios y todo un transfondo etico, social y cultural. Por muchas cosas, este ha sido uno de los tiempos mas valiosos estudiando ya que me permitio comprender muchas cosas que antes no entendia: La revelacion continua, la importancia del profeta actual, el proceso de canonizacion de las escrituras, que nuestros lideres, son seres humanos y actuan como tales, etc. Mi testimonio de la obra fue mas grande despues de estudiar este tema, por eso, a aquellos (y se que los hay) que tienen dudas, que no entienden que ocurrio y eso causa conflictos en su corazon, les invito a no tener miedo y dar el salto que nos permitira llegar a comprender mas el tema, les aseguro que a pesar de todo este proceso, tan triste a veces, llegaran a tener, principalmente la conclusion de que: Todo lo que ocurrio y el proceso envuelto es un testimonio mas de que esta es la Iglesia del Señor y todo lo que ocurrio, testifica de que El es el que dirige esta Iglesia.

Como ultimo aporte al tema, la traduccion del testimonio de uno de los grandes apostoles, LeGrand Richards, en una entrevista dada a los pocos dias de la revelacion en las oficinas de la Iglesia. Por supuesto, en Leer Mas.

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